domingo, 5 de febrero de 2012

Décimo séptimo paso: Olvida lo que has aprendido hasta ahora


Darwin entró en la habitación de sus padres con sigilo y descubrió, aliviado, que estaba exactamente igual que cómo su madre lo había dejado, hacía ya siete años.
La cama sin hacer, la ropa sucia en amontonada en la silla, una puerta abierta que mostraba un baño con el maquillaje esparcido por todas partes… Aquel era el único desorden con el que se sentía cómodo.
Abrió el armario sintiendo casi culpabilidad por mover algo de lo que su madre había dejado. Cogió una de sus camisetas y la olió.
Olía a su madre. A tardes haciendo los deberes. A sábados por la mañana haciendo galletas. Al cuento de las nueve y media. A cenar todos juntos todas las noches. Y notó, con una punzada de pánico, que aquel perfume estaba desapareciendo.
Unas lágrimas empezaban a resbalar por sus mejillas cuando Trixie entró en la habitación en la que se encontrada.
- ¡Trix!- exclamó él, secándose las lágrimas con la manga de la camisa precipitadamente.
- Charles…- murmuró ella, con los ojos como platos-. ¿Qué te pasa?- miró a su alrededor y comprendió de repente-. Esta es… su habitación, ¿no?
- ¿Qué haces aquí?- preguntó él bruscamente, dándose la vuelta.
- Te dejaste la cazadora en mi casa- contestó ella, dolida-. Y pensé que devolvértela era una buena excusa para verte.
- Vete.
- Charles…- miró a su novio con desazón y sintió que las inseguridades de rigor afloraban en ella-. Siento haber venido. Pero es que habíamos quedado dentro de media hora, así que…- dijo, haciendo un fuerte esfuerzo para no llorar.
Al percibir el cambio en el tono de Trixie, Darwin se giró, asustado. Dejó la camiseta en su sitio rápidamente y corrió a abrazarla.
- Lo siento, lo siento, lo siento. Soy un monstruo- dijo, mirándola con preocupación en sus ojos llorosos-. No quería hablarte así, solo…
Trixie abrió mucho los ojos al ver el enorme hematoma que Darwin tenía en el pómulo.
- ¿¿Te lo ha hecho él??- exclamó ella, horrorizada.
Darwin miró al suelo.
- Esto no puede seguir así- musitó ella, mirándolo-. ¿Por qué ha sido esta vez?
- Le he escondido el dinero- respondió él, vacilante-. Porque iba a salir a emborracharse, como siempre.
Ella cerró los ojos y se mordió el labio inferior.
- Esto no puede seguir así. Tienes que contárselo a alguien. Un adulto.
- No puedo- respondió él rápidamente-. Me necesita. Sin mí… se derrumbaría del todo.
- Estás atrapado, ¿no?
Él asintió.
- Si necesitas contar lo que sea, o te pasa cualquier cosa, quiero saberla- comentó ella.
Trixie lo abrazó. Antes de que se dirigieran lentamente hacia el salón, Darwin le dedicó una mirada que denotaba el más profundo agradecimiento que puede sentir una persona.

- Oh, Dios, Lux, no- dijo Rochelle con el ceño fruncido, negando con la cabeza-. Vaqueros no. Tienes una cita, mujer. Ponte un vestido. Pero estate quieta, lo escojo yo.
Lux suspiró con fastidió y se sacó los vaqueros a trompicones.
- Chelle, estamos en noviembre. No me vistas muy… no me hagas enseñar demasiado, haz el favor- estiró los vaqueros y los puso encima de la cama-. Además, ni siquiera es una cita de verdad. A mí me gusta pensarlo, oh, vaya si me gusta, pero no.
Rochelle salió del vestidor con cuatro vestidos diferentes.
- Pruébate verde, anda- dijo, mientras doblaba los vaqueros, pero paró de golpe y miró a Lux-. Un momento…- sonrió con benevolencia-. No irás a un concierto, ¿verdad?
- No me sirve- contestó Lux, devolviéndole el vestido y cogiendo otro-. Si, si, ¿por qué…?- se tapó la boca con una mano mientras Rochelle le abrochaba el vestido-. Oh, no. Miranda lo sabe, ¿no?
Rochelle empezó a reír a carcajadas.
- Si, lo sabe- informó, entre risas-. Pero no sabía que eras tú la “zorra estúpida y fea que le quiere robar a su Stephan”. Que fuerte. Oh, espera- se puso delante de Lux y la observó de arriba abajo-. Este es perfecto. Te queda genial. Casi te diría que pases de probarte los otros. ¿¿Te mola Stephan??
Lux se sacó la toalla del pelo y se sentó en una silla al lado de la cual Rochelle tenía preparado un secador y unas planchas. Suspiró, soñadora.
- Muchísimo.
Entre el ruido del secador, Rochelle comentó:
- Últimamente Miranda siempre se está quejando de lo raro y distante que está. Puede que sea por ti.
- Sí, claro.
- Sería lo más normal.
- ¿Tú no deberías estar defendiendo a Miranda?
- ¿Por qué? Me cae fatal. Es la niña más tonta que he conocido en mi vida. Bueno, después de Dianne. Intenta por todos los medios que Eric se fije en ella y piensa que no me doy cuenta. Todo para ti, guapa- ambas rieron-. Es raro, nunca pensé que él era tu tipo de chico.
Lux miró pensativa a los tacones que le había escogido Rochelle un buen rato hasta que volvió a hablar, mientras ella la maquillaba.
- Él no es lo que parece. Es… es muy guapo, obviamente. Y está muy bueno, para qué negar lo evidente- comentó, provocando una carcajada de su “nueva amiga”-. Pero no sé… Se interesa por todo. Tiene como…un aura de niño pequeño curioso. Es encantador. Y sonríe todo el rato, ilumina allá donde vaya. Y es muy lanzado. Y divertido. Me encanta estar con él. Además, entiende de música de la buena que no veas- afirmó, con un deje de extrañeza en la voz.
- Lo dices como si fuera raro. Cierra los ojos.
- Debería serlo.
Quince minutos más tarde, Rochelle consideró que Lux estaba lista.
- Estás preciosa. Va a flipar. Le doy a la feliz pareja Stephan-Miranda un par de horas más.
- Gracias, Chelle.
- De nada. Y ahora vete, estará loco por verte.

Stephan estaba muy nervioso mientras esperaba a Lux.
Se sentía inseguro, como nunca antes. Miró la hora. Llegaba siete minutos tarde. Quizá iba a aparecer.
Miró a su alrededor y se sintió ridículo. Llevaba un girasol en la mano; sabía que esas eran sus flores favoritas. ¿Y si le preguntaba por él? ¿Qué contestaría?
Por fin, apareció.
Y se llevó una enorme sorpresa.
Llevaba un vestido rojo intenso hasta medio muslo y una corta cazadora de cuero. Se había puesto unos botines negros con tachuelas con mucho tacón y su pelo, normalmente suelto, estaba recogido en un moño, pero que dejaba que algunos mechones de pelo castaño le castaño a ambos lados de la cara.
Parecía que lo esperaba al otro lado de la carretera, apoyada en una farola mientras escuchaba música con unos auriculares y marcaba el ritmo con la cabeza y un pie.
La miró embobado unos instantes. Pasada la sorpresa inicial, se armó de valor y se acercó a ella.
Se puso detrás de ella y le tocó suavemente el hombro. Ella se giró bruscamente, sorprendida, pero sonrió al verlo con una sonrisa vacilante detrás del girasol. Se sacó los auriculares y le dio un beso.
- Estás preciosa- comentó él, algo cortado, después de darle la enorme flor.
Ella enrojeció de forma notable y miró al suelo para que no se le notara.
- Gracias… Bueno, no es mi estilo habitual, pero es que una… amiga quiso vestirme así.
Ambos rieron nerviosamente.
- Bueno, ¿vamos?- dijo él, ofreciéndole el brazo, con las cejas arqueadas.
Ella se agarró de su brazo.
- Vamos- respondió, con una enorme sonrisa.

5 comentarios:

  1. Ains ¿Soy la primera en comentar?
    Me EN-CAN-TA.
    Me tienes enamorada chica.

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  2. Q ganas tenia ya de leer un capitulo nuevo ahora espero con ansias el proximo XD

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  3. Ay madre mía!! Qué pasada de capítulo!! Luz y Sthepan... jo, tengo ganas aunque sea de un roce de labios!! Están echos el uno para el otro, se nota al vuelo!! :D
    Y el pobre Darwin... menos mal que Trixie lo entiende. Tenía pinta de niña pija pero está demostrando ser más madura de lo que aparenta.
    ME ENCANTA!! INCREÍBLE!! Espero el siguiente muy pronto cielo, un besote!! :D

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  4. DIOS!!!
    espero el diecisite!
    demasiada intriga Chica, demasiada
    No puede ser.
    Besos Chica

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  5. ¿Cuando vuelves a escribir más??
    tengo ganas de saber lo que pasa en ese concierto!
    Besazos Chica! :D

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