viernes, 23 de diciembre de 2011

Décimo tercer paso: Enfréntate a ellos

Stephan volvía a casa bajo la lluvia, únicamente protegido de ésta por una capucha, mientras se lamentaba en sus adentros de lo infructuoso que había sido el día.
La llevaba buscando seis meses. Había ido a los barrios bajos, había hablado con toda clase de gente… pero nadie sabía nada de Lisa.
Mientras andaba, su mente empezó a divagar. Pensó en Miranda. Últimamente estaba más cargante y melosa que de costumbre. Eso estaba bien antes de tener con quien compararla, pero Lux… era tan distinta.
Era la chica más lista y divertida que había conocido en su vida. No había una sola cosa que no le gustara de ella. Su obstinación, su risa escandalosa, sus camisetas de antiguos grupos de rock y su mirada intensa.
Ese pensamiento le dio ganas de correr. Corrió y se sacó la capucha, con necesidad de gritar de pura euforia.
Cuando se acercaba a la verja de su casa, divisó una sombra sentada en el suelo, cubierta por un enorme impermeable. Levantó la cabeza.
- ¿Lux?
Confuso, se acercó a ella acelerando el paso.
Tenía los ojos rojos de tanto llorar y parecía perdida.
- Ni… ni siquiera sé lo que hago… a-aquí- balbuceó entrecortadamente, intentando tranquilizarse.
- ¿Qué ha pasado?- preguntó el con urgencia, mirándola preocupado mientras le apartaba un mechón de pelo castaño de los ojos.
- Es… Axel…- sollozó-. Le han… dado una paliza. Lo están operando en el hospital.

Axel estuvo doce días en coma.
Durante ese período tuvo una sucesión de pesadillas acerca de la paliza que le habían propinado. La revivía una y otra vez.
Él saliendo de su apartamento, los dos hombres siguiéndolo, los golpes en el callejón y, al final, una llamada al “señor Write”.
Recordaba a la perfección que dos días antes lo había denunciado a la policía. No le habían hecho mucho caso, pero le prometieron que hablarían con su madre y después con él. Lo cierto es que le producían cierta satisfacción saber que lo había asustado tanto como para sentir la necesidad de enviarle una amenaza como aquella.
Durante ese tiempo fue vagamente consciente de que le hablaban. Muchas veces eran Darwin o Lux, pero la mayoría era la voz de una chica que no conocía.
Se llamaba Alice y lo distraía de sus pesadillas. Deseaba abrir los ojos para poder verla y agradecerle su ayuda.
Le gustaba su voz. Era dulce y un poco grave. Le contaba muchas cosas: que vivía en el hospital, que cuando se despertara no se le ocurriera comer la carne, pues era malísima, le leía las noticias e incluso a veces le leía fragmentos de Orgullo y prejuicio con voz melodramática. Le caía bien.
Y estuvo allí en el momento en el que abrió los ojos.
- Por fin- musitó ella cuando él abrió los ojos.
La luz lo cegó momentáneamente y comenzó a vez todo borroso, así que entrecerró los ojos e intentó enfocar la mirada. Poco a poco abriendo los ojos vi pronto empezó a distinguir la expresión curiosa y divertida de Alice.
Era una chica de más o menos su edad, de enormes ojos azul oscuro, casi violeta y el rostro más dulce que había visto en su vida. En la cabeza llevaba un pañuelo que le cubría toda la cabeza.
- ¿Alice…?- susurró con voz ronca, descubriendo con desagrado que estaba entubado.
- Shh…- dijo ella, sonriéndole con dulzura-. Calla. Ahora llamo a una enfermera.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Duodécimo paso: Intenta no derrumbarte


Lux le dio al play y Kiss me, de Ed Sheeran, empezó a sonar. Parecía que esa canción describía muy bien como quería sentirse en ese momento. Bailó consigo mismo durante unos instantes. Sentía esa sosegada euforia de te proporcionan un par de horas en la casa del chico que te gusta.
Se tiró en el colchón, repentinamente contrariada. ¿Le gustaba Stephan? ¿Sí? No lo sabía. Era tan distinto a lo que se había imaginado… Era… aunque sonara cursi, él era un encanto. Divertido, con esa aura de niño curioso que lo acompañaba a todas partes… se sentía estúpida.
Y él lo tenía todo.
Incluso novia.
Suspiró resignada antes de coger el insistente teléfono.
- ¿Si? ¡Darwin! ¿Qué tal?- dijo ella, encantada-. No, estoy en casa… ¿Es algo malo? No te pongas melodra…- de repente, calló.
La voz de Darwin repitiendo su nombre se intuía mientras en móvil de Lux se precipitaba al suelo.

- No entiendo por qué tienes que seguirme- musitó Rochelle, contrariada.
- Porque te tengo vigilada. No pienso dejar que hagas ninguna tontería- respondió Light.
- ¿Qué clase de tontería?- inquirió ella, subiendo las escaleras hasta la puerta de su casa.
- No sé. Precisamente por eso te sigo.
Rochelle rió y abrió la puerta.
- Adiós, Light.
- Pienso entrar, Rochelle.
- Ni lo sueñes.
Él se coló rápidamente y cerró la puerta.
- No he terminado de vigilarte- informó él con una sonrisa de suficiencia.
- Oh, sí lo has hecho. Largo- dijo ella, divertida, empujando a Light hacia la puerta.
- ¡¡Ro-ro!!- exclamó Lucy, emocionada, saliendo de la sala.
- Mierda- susurró ella, mordiéndose el labio inferior.
Light, extrañado, miró a Rochelle y luego miró a Lucy. Luego se agachó y le tendió la mano a la pequeña.
- Buenas, señorita- dijo él, estrechándole la mano a la risueña niña-. Me llamo Light. ¿Tú cómo te llamas?
- Lucy- dijo ella, poniéndose colorada y sonriendo coquetamente.
- ¡Qué nombre tan bonito! ¿Eres la hermana de Rochelle?
Lucy asintió.
- Es mi hermana mayor. ¿Tú tienes hermanos?
Light rió.
- Muchos. Tengo siete hermanos. Yo soy el segundo mayor.
La pequeña entrecerró los ojos y pensó durante un rato.
- Yo también soy la segunda mayor.
- ¡Es verdad! ¡Qué jefa!- rió él-. Choca esos cinco. Deberíamos hacer un club.
Lucy chocó su mano con una sonrisa de emoción.
Mientras, Rochelle observaba la escena perpleja. Aún recordaba el día en el que le había presentado Lucy a Eric. Había pasado por completo de ella, había sido borde y no cambió su expresión de querer estar en cualquier otra parte en todo el rato. Y Lucy se había pasado toda la tarde triste.
Light llevaba un par de minutos con ella y la pequeña ya estaba loca por él.
- ¿Cuántos años tienes?- dijo ella, con expresión de curiosidad.
- Diecisiete. ¿Y tú?
- Once. Soy muy mayor- escrutó al joven con la mirada-. ¿Eres el novio de Ro-ro?
- Tu hermana ya tiene novio- dijo él con un suspiro-. Pero es bastante estúpido. Deberías convencerla de que salga conmigo.
- Lo haré- respondió la pequeña con una sonrisa perversa-. ¿Te gusta Bob Esponja?
- ¿Estás de coña? ¡Me encanta!
- Pues la convenceré si vienes a ver Bob Esponja conmigo alguna vez.
- Te lo prometo.
Rochelle entró en la cocina y dejó a su hermana y a Light hablando.
Cuando Light se despidió de la pequeña, entró en la cocina junto Rochelle.
- Tu hermana es un sol. Deberías habérmela presentado antes.
- ¿Has sido majo con ella sólo por mí? Porque te advierto que…
- Rochelle, tranquila, por Dios. Tengo seis hermanos pequeños, de los cuales tres son niñas de cuatro años. Me encantan los niños.
- Pero Lucy es…
- Lucy es una niña, ¿no? Pues eso.
Impulsivamente, Rochelle abrazó a Light.
- Gracias- musitó ella, con lágrimas en los ojos.
E, impulsivamente también, intento besarle.
Él giró la cara.
- Te besaría, pero sería aprovecharme- razonó él-. Además tienes novio.
- ¿No te gusto?- inquirió ella, confundida.
Sin mirarla a los ojos, se desembarazó de ella y se dirigió a la puerta.
- No seas estúpida. Hace dos semanas que comemos juntos y nos vemos a todas horas. Ese tiempo sobra para que empieces a gustarle a cualquiera.
Y, sin decir nada más, cerró la puerta de golpe.
Rochelle nunca se había sentido tan confusa.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Undécimo paso: Que no vean tus debilidades

Trixie se echó una capa de gloss en los labios antes de llamar a la puerta de la casa de Darwin.
Él le gustaba. Era amable, caballeroso y sincero, inteligente y divertido. Nunca le había gustado un chico así. Y tampoco nunca un chico le había dicho que no.
Llamó a la puerta con suavidad y escuchó un gran estrépito dentro de la casa, como de botellas de cristal cayendo. Darwin abrió la puerta apresuradamente, sorprendiéndose al ver de quien se trataba.
- ¡Beatrisce!- exclamó. Rápidamente bajó la cabeza-. Deberías quedarte fuera un momento.
- Voy a entrar, Charles- informó ella, escaqueándose por una esquina.
- ¡No…!- exclamó Darwin, pero ya era demasiado tarde.
Lo primero que vio Trixie al entrar en la casa, aparte de la pulcra organización que ya le era familiar en él, fue que la mesa estaba llena de botellas de bebidas alcohólicas.
- Espero que tengas una buena explicación para esto- murmuró ella.

- Entonces- dijo Rochelle, mirando a Light con extrañeza-, ¿esto qué es?
- Es una cena en el Mama’s Kitchen.
Rochelle rió y negó con la cabeza.
- Light, aquí hay por lo menos diez platos distintos.
Light miró a la repleta mesa. Estaban en una habitación pequeña vacía al lado del almacén del restaurante de los suegros de Elme, en el que el chico había preparado una improvisada mesa en la que había dos enormes pizzas y un enorme surtido de postres.
- Así es. Y los vas a probar todos- respondió él con una sonrisa de suficiencia. Apartó la silla para que la chica se pudiera sentar.
Después, él se puso detrás de ella y la sorprendió vendándole los ojos.
- ¿¿Qué haces??- exclamó ella, divertida.
- Ya verás.
Light se sentó enfrente de ella y cogió una porción de pizza.
- Abre la boca- le dijo. Ella lo ignoró-. Oh, vamos, te va a gustar.
Ella rió.
- Esta frase sacada de contexto se podría malinterpretar.
- Calla y abre la boca.
- Ahh…- dijo ella, abriendo la boca enormemente.
- Bien. Ahora muerde- la chica obedeció-. ¿Está rica?
- Si, pero esto tiene muchas calorías, preferiría que…
- Me da igual lo que prefieras. Vas a comértelo todo. Abre la boca.
Rochelle rió y obedeció. La pizza estaba rica. Para variar.

- Vaya- musitó Trixie después de escuchar la historia de Darwin-. Charles, no… no tenía ni idea- le acarició el pelo suavemente-. ¿Lo saben tus amigos?
Darwin negó con la cabeza, distraído.
- Eres la primera a la que se le cuento.
Trixie se sintió halagada, pero no dijo nada. Lo miró a los ojos.
- Deberías contárselo por lo menos a Lux. Sé que te gusta- dijo ella, con cierta pesadumbre en la voz-. Cuéntale lo que viste ayer. Debe  saber qué clase de chico es Stephan, y así te quitarías un peso de encima.
- No lo entiendes… quiero decírselo, pero… llevo años mintiéndole acerca de mi padre. No puedo confesárselo todo ahora. No sé por qué te lo he dicho a ti.
Trixie apartó la mirada y observó las botellas con rabia.
- Me haces sentir que tengo suerte- comentó-. Mi madre por lo menos… lo hace a escondidas.
- ¿Eh?- la miró, aturdido-. ¿Tu madre bebe?
La chica sonrió amargamente y se levantó. Cogió una botella, la abrió y empezó a vaciarla en el fregadero.
- Ven, ayúdame- dijo ella-. Sé perfectamente que lo mejor es vaciarlas y dejarlas en el mismo sitio. Así piensan que se las han terminado. Vamos.
Darwin se acercó a ella, y, en un acto impulsivo, la abrazó. Ella se sorprendió, pero le devolvió el abrazo con ternura.
- Gracias- susurró él.
- No hay de qué- respondió ella.