sábado, 12 de noviembre de 2011

Tercer paso: Imítalos

Stephan recorrió el camino a casa pensando en lo mucho que le costaría aprobar ese curso. Luego volverían los gritos, los “me has decepcionado” y los “eres como ella”.
Se obligó a no pensar en Lisa. Dolía demasiado.
Entró en su casa con sigilo, rogando para que sus padres no estuvieran.
Respiró, aliviado. Según la nota de la cocina, habían ido a alguna de esos patéticos brunchs  importados de los Estados Unidos. Se preparó una pizza en el microondas y comió viendo en la tele, tal como sus padres le decían que no debía hacer.
Después fue a su cuarto y abrió su armario. Allí sacó el regalo que Lisa le había hecho por su décimo cumpleaños. Recordó que le dijo que tuvo que ahorrar la paga de medio año para poder pagarlo y no pudo evitar sonreír.
Su apreciado teclado Tyros 2.
Recordó sus palabras. Cuídalo bien, Teph, que es muy caro. He leído en internet que es  muy bueno. No le digas a papá o a mamá que te lo he comprado. Pensarán que intento corromperte con una afición femenina, como lo llaman ellos. Pero no les hagas caso. No hay nada más sexy que un músico.
Intentando ignorar la dolorosa punzada de angustia que le invadió, cogió sus garabateadas partituras, encendió el piano y se puso a tocar.
Era la canción de Lisa.
“When she left”.
__
Cuando Darwin llegó a casa, también entró con sigilo, pero por motivos muy distintos.
- ¡¡CHARLES!!- bramó su padre al escuchar el sonido de la puerta.
“Mierda”, pensó Darwin, apretando los puños.
Su padre llegó al vestíbulo tambaleándose.
Darwin se acercó a él, desafiante.
- ¿Has vuelto a beber? Por Dios, no son ni las tres…
- ¿Has vuelto a tirar toda la bebida? Como lo hayas hecho, maldito capullo, te juro que…
- ¿Quién te lo iba a tirar si no?
- ¡¡¡Te he dicho mil veces que no toques mis cosas!!!- exclamó su padre, amenazante.
- Ya, pero fíjate, todo lo que traes a casa es una mierda y como tengo un trastorno obsesivo compulsivo, no puedo evitar tirarlas a la basura. ¿Hoy no trabajas?
- Sabes perfectamente que es mi día libre, subnormal.
Darwin puso los ojos en blanco y se dirigió a su cuarto.
Pero antes de que diera dos pasos, su padre lo cogió por el cuello de la camiseta y lo estampó contra la pared con violencia.
- Mira, imbécil, la próxima vez que tires las cosas que he comprado con MI DINERO, te juro que te parto la cara, ¿entendido?
- Lo que tú digas.
Darwin se zafó de su padre y fue a su cuarto. Una vez allí, cerró la puerta con gran estrépito y se sentó.
Escuchó como su padre se iba al bar dando un portazo. Por lo menos allí no lo dejarían beber demasiado.
Sentado a los pies de la puerta, agarrándose a las piernas con los brazos, pensó en su madre. Con dificultad, alcanzó el cajón bajo de su armario y sacó una foto. En ella se veía a su padre, a su madre y a él, con ocho años. Justo un año antes de que ella muriera.
En la foto parecían felices.
Sin poder evitarlo, Darwin se echó a llorar.

2 comentarios:

  1. Jo tía, que dolor por Darwin... me ha recordado a escenas de una novela que escribí. Y esa tal Lisa... será la hermana de Stephan?? Dejas mucha intriga, y eso me gusta, y ver las vidas de los personajes me conmueve, de verdad que estoy encantada. Me encanta! Un besote!! :D

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  2. Joder, casi me pongo a llorar yo también... Pobrecillos los dos, vaya unas vidas que tienen... :(

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