jueves, 17 de noviembre de 2011

Octavo paso: Sé cínico

En las dos semanas siguientes, la nueva relación de amistad entre Stephan y Lux sufrió no pocos altibajos.
El motivo eran las clases. Stephan no tardó en comprobar que Lux era exigente y algo controladora en los estudios a la vez que explicaba a la perfección y siempre podía entenderla. A pesar de todo, el acababa cansadísimo de las otras clases particulares y del entrenamiento, por lo tanto le era imposible seguir el ritmo impuesto por la chica.
Un día, Stephan estaba tan cansado que no entendía nada.
- ¡Pero si es muy fácil!- exclamó Lux perdiendo los papeles por primera vez-. No hay nada más fácil en matemáticas que esto.
- ¿Logaritmos? ¡Venga ya! ¡Tardé una semana en recordar el nombre!
- Mira, Stephan, ¿se puede saber por qué estás así?
- ¡Soy estúpido! ¿Vale? Nada me entra, Dios, parezco retrasado.
Dicho esto cogió su libreta, enfurruñado, y empezó a garabatear letras de canciones.
Lux se acercó a él y levantando su cabeza, le miró fijamente a los ojos.
- No eres retrasado, Stephan, no digas gilipolleces. Has entendido todo muy bien hasta ahora, me sorprendió que necesitaras clases- dijo ella, sacándole la libreta de la mano.
- ¿De veras?
Lux asintió distraídamente mientras leía el contenido de la libreta. Al poco rato, empezó a reír. Primero bajito y luego a carcajadas.
- ¿Qué pasa?- inquirió Stephan con el ceño fruncido-. Es una canción absurda, lo sé, es de las que me pasa…
- No, no es por la canción- respondió ella entre risas-. Es que…- ahogó otra carcajada-. Claro que no eres retrasado, Stephan. Eres disléxico. Como Light.

También Darwin había hecho una nueva amiga, pero la situación era un poco más… difícil de controlar.
- Hola, Charles- le saludó Trixie Torelli con una sonrisa en clase de Biología-. ¿Me puedo sentar contigo?
Darwin frunció el ceño y miró a la guapa rubia.
- Claro, claro que puedes.
Miró a sus amigos, Axel y Lux, que estaban sentados juntos.
Últimamente, Lux hablaba constantemente de Stephan. Y no mal, lo que lo ponía enfermo. Hablaba bien de él, de cómo se lo pasaban en las clases.
Ese día estaba muy guapa, como siempre. Llevaba su camiseta de The Beatles y unos pantalones verdes. Y sonreía. Más que de costumbre.
Miró entonces a su compañera de al lado. En los últimos días había optado sentarse con él en todas las clases en las que coincidían, lo cual no entendía muy bien, pero estaba conforme. Era una chica simpática y agradable, mucho más inteligente de lo que había pensado.
Habían vivido un momento un poco tenso unos días antes, cuando él fue a su casa (una enorme mansión de tres plantas e infinitos dormitorios) y él se había negado a mirarla cuando se presentó delante suya en ropa interior.
Ella lo había visto como un gesto caballeroso y desde entonces había seguido intentando conquistarle con más énfasis.
- Hoy estás muy guapo…- musitó ella, jugueteando con el pelo y sonriéndole con coquetería-. ¿Quedamos después de clase para terminar el proyecto para el lunes?
- Ehh… hoy no puedo. Quizá el viernes.
- ¿El viernes? Genial…- murmuró ella-. Pero si quieres quedar en el descanso y hacerme una visita…- arqueó las cejas y le tocó el pelo con sensualidad.
Él cogió su mano y la dejó en la mesa. Luego la miró a los ojos, esos preciosos ojos azules verdosos, y dijo:
- No tienes por qué ser así.
Ella sonrió. Se escuchó el timbre fuera y ella se levantó.
- Eres el primero que me lo dices. Así que lo más seguro es que insista- le besó en la mejilla y le guiñó un ojo-. El viernes, en tu casa.
Darwin iba a decir algo referente a que su casa no era el lugar idóneo, pero la Trixie ya había salido.

1 comentario:

  1. Dios mío, increíble!! Sabes que cada vez me enganchas más verdad?? Está precioso!! Leer este capítulo me ha hecho sonreír y soñar créeme, estaba tan lleno de emoción... Espero el siguiente con ansias!! Muchos besotes!! :D

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