miércoles, 9 de noviembre de 2011

Darwin

Mientras Charles desayunaba, miraba a su padre, que estaba tendido en el sofá, roncando con estrépito. Le colgaban un brazo y una pierna y daba la sensación de que estaba a punto de caerse. Charles miró para otro lado mientras apuraba los cereales.
Seguramente, había pasado la noche en algún bar de mala muerte, y, a juzgar por el morado que tenía en el ojo izquierdo, se había vuelto a pelear. Su pelo estaba enmarañado y sucio, al igual que su ropa. Charles odiaba esa imagen, y, a la vez, estada demasiado acostumbrada a ella.
Dejó el bol de los cereales en el pulcro fregadero y caminó silenciosamente hacia su cuarto. Era una habitación de paredes blancas, sin nada más que una estantería llena de libros de ciencias naturales ordenados por orden alfabético, una pequeña cama perfectamente hecha, un armario impecablemente ordenado y un pequeño escritorio ejemplarmente organizado. El conjunto tenía un aspecto un tanto monjil, pero a él le gustaba. Tenía tanto descontrol en su vida que ese orden obsesivo que le ponía a todo lo que le rodeaba de proporcionaba una agradable sensación de normalidad.
Se vistió con unos jeans desgastados y su camiseta preferida de Guns n’ roses, tal y como había acordado con Lux y Axel.
Una vez en el baño, tan obsesivamente limpio y organizado como el resto de la casa, se lavó los dientes y luego se miró al espejo. Hacía dos días que le habían ajustado el aparato dental y aún le dolía un poco. Se peinó distraídamente su ondulado pelo castaño claro mientras se repetía que solo quedaban seis meses con los brackets.
Cogió su mochila, su móvil y sus gafas estilo años cincuenta, que Axel le había regalado por su cumpleaños el año anterior.
Echó un último vistazo al único elemento puramente decorativo que tenía en su cuarto: una fotografía de los tres amigos en la puerta del museo natural. Axel salía con su típica sonrisa torcida y una de sus cientos de gafas de sol; Lux reía con los ojos cerrados bajo su paraguas morado de lunares amarillos y él simplemente miraba a la cámara dedicándole una de sus pocas sonrisas sinceras. La misma que se dibujaba en sus labios en ese mismo instante.
Salió por la puerta, cerrándola con el mayor sigilo posible con la esperanza de que su padre no se despertara. Bajó las escaleras estrepitosamente y, cuando abrió la puerta, allí estaba esperándolo.
- ¡Eh, Lux!
La chica se giró y le sonrió a su amigo. Él pudo comprobar que estaba tan guapa como siempre. Pero ese pensamiento era algo que ella nunca sabría que pasaba habitualmente por su mente.
- Hola, Darwin- dijo ella.
Y, juntos, empezaron a caminar en busca del tercer y último miembro del grupo.

2 comentarios:

  1. La verdad es que tiene que ser muy jodido vivir con un padre así, porque es muy triste la verdad. Y encima dejas caer como un amor imposible... es lo chungo de enamorarse de los mejores amigos :S Me encanta, sigue así :D

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  2. Me ha hecho gracia el mote de Charles :3
    Me gusta cómo escribes, sobre todo porque se lee muy fácilmente ^^
    Esperemos que el posible romance Charles-Lux salga adelante :D

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