miércoles, 30 de noviembre de 2011

Décimo paso: Nunca dudes

Los suburbios eran horribles, pero muy a menudo Darwin debía pasarse por allí para buscar a su padre en algún bar anónimo lleno de desesperados como él. Recorrió las calles con melancolía, pensando que aquella era la peor manera de desperdiciar un jueves por la noche.
Mientras paseaba, recibió una mirada de Lux.
- ¿Dónde estás?- preguntó ella, con su habitual tono alegre.
- En el centro. He quedado con mi padre en una cafetería- mintió él con una punzada de desazón.
- Ah, guay- se produjo un incómodo silencio-. ¿Qué tal los últimos días? No sé nada de ti, en clase siempre te sientas con Torelli la devorahombres.
- Trixie.
- ¿Eh?
- Se llama Trixie.
Lux rió.
- Qué, ¿ahora sois amiguitos?
- Puede, y me molesta que hables así de ella.
En ese momento, los ojos de Darwin se abrieron mucho.
- Tengo que colgar. Hablamos mañana, Lux- colgó sin darle tiempo a réplica y se acercó hacia la figura que acababa de ver.
Una vez estuvo más cerca, se le cortó la respiración.
Pues el chico que tenía delante, hablando con lo que parecía una prostituta, era el mismísimo Stephan Grey.

Y, al otro lado de la línea, una Lux confusa miraba al teléfono sintiendo que perdía a su mejor amigo.

Valerie Write miró a su hijo con compasión.
- No ha sido papá, Axel. No. Me caí por las escaleras, ya sabes lo torpe que soy y…
- Por Dios, mamá…- dijo él, exasperado-. ¿Por qué no lo asumes de una vez? Te maltrata. Tienes que dejarlo.
- No hace tal cosa- respondió ella, cortante y con un tono demasiado duro-. Y ahora, si no te importa, me gustaría que me dejaras sola.
Axel miró a su madre con ganas de llorar y se levantó lentamente.
Cuando llegó a la puerta, murmuró.
- Ya sé que no te valoras lo suficiente como para dejar a ese cabrón- había rabia contenida en sus palabras-. Pero me consolaría que por lo menos me valoraras a mí lo suficiente como para apreciar tu vida.
Mientras salía de la habitación, Axel sintió como las lágrimas resbalaban por sus mejillas.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Noveno paso: No flaquees

Cuando Rochelle llegó al instituto, se sentía muy débil.
Llevaba, cuanto… ¿Dieciocho horas sin comer? No había desayunado ni había cenado la noche anterior. Fue al baño y vomitó. Irónico.
Se miró el espejo y le entraron ganas de llorar de impotencia. Prácticamente no había adelgazado. Sentía que le sobraba por todas partes. Gritó con exasperación y salió del baño.
Se dirigió a su taquilla. Puesto que estaban ordenadas alfabéticamente, estaba demasiado cerca de la de Axel, pero pensó que podría soportarlo. Y si, Axel era manejable, pero lo que se encontró allí (el trío completo), la desanimó por completo.
Corrió, abrió su taquilla y cogió todo lo necesario rápidamente.
- ¿Y esas prisas, Williams?- inquirió Lux, divertida-. ¿No quieres verme?
- No eres precisamente santo de mi devoción, Lux, pero simplemente tengo prisa- mintió Rochelle, sintiéndose cada vez más débil.
- No mientas. Te aterroriza la idea de estar conmigo porque te recordaría lo superficial que eres en realidad. Supéralo.
Rochelle se giró bruscamente, pero se arrepintió al sentirse repentinamente muy mareada. Todo empezó a volverse borroso a su alrededor y, sin poder controlarlo, se desmayó.

Cuando Rochelle recuperó la consciencia, se encontraba en la enfermería.
- Por fin despiertas- comentó la enfermera con expresión afable mientras ordenaba los papeles-. Tus amigos te trajeron antes pero han tenido que volver a clase.
- ¿Mis… amigos?- murmuró ella con dificultad, sin poder imaginarse a Dianne o a Miranda llevándola inconsciente a ninguna parte. Y mucho menos a Eric, que era demasiado delicado como para tal proeza.
- Si, Hawthorne, Thompson y Write. Fue una escena muy cómica, pues Hawthorne te trajo prácticamente sin la ayuda de los otros dos. Es una chica muy fuerte.
Rochelle estuvo a punto de decir que no eran sus amigos, pero visto lo que acababan de hacer por ella, prefirió guardar silencio.
- Voy a mirarte la tensión y a hacerte unas preguntas, ¿vale?
La joven se sentó lentamente y asintió.
En ese momento entraron dos chicos mayores a la enfermería, riéndose a carcajadas. Uno de ellos llevaba una mano cubierta de varias capas de papel higiénico. Rochelle lo reconoció enseguida: Light Hawthorne.
- A ver, Hawthorne…- dijo la enfermera con voz cansada-. Qué ha pasado hoy…
- Lo siento, señorita Harrison- dijo Light con una sonrisa-. Me he caído en el aparcamiento y tengo toda la mano despellejada.
- Muy bonito- musitó la mujer-. Ya sabes dónde está todo, suicida. En la próxima visita te regalaré un pastelito en conmemoración del día de visita número mil- Light sonrió e hizo una reverencia antes de dirigirse al botiquín-. Ahora voy a atender a esta chica así que no molestes.
- A la orden, mi señora.
- Oh, cállate- murmuró-. Bien- la mujer se acercó a Rochelle y le colocó un medidor de tensión arterial en el brazo-. Dime, ¿hoy has desayunado?
- Sí- mintió rápidamente Rochelle, cómo un acto reflejo.
- ¿Qué has comido?
- ¿Me está interrogando?- inquirió ella, nerviosa.
- No, tan sólo quiero saber lo que te ocurre. No hace falta ponerse a la defensiva- contestó la señorita Harrison mirando a Rochelle con reservas.
Rochelle se mordió el labio inferior y mintió. Mintió en todo lo que dijo.
Desde la otra punta de la sala, Light observaba la escena con cara de preocupación.

- ¡Rochelle!- exclamó Light en la puerta del comedor, al ver a la chica.
Ella, que se encontraba junto con sus amigas, sintió que el corazón le daba un vuelco mientras se acercaba a él.
- ¿Eres un emisario del diablo?
- No, no vengo de parte de Lux- informó él, con una sonrisa irónica-. Me preguntaba… ¿te gustaría comer hoy conmigo? Me gustaría hablar contigo.
- Ehh…
- Además, hoy me he cogido la comida el restaurante de los padres del prometido de mi hermana Elme y me han dado una barbaridad de cosas.
Rochelle abrió mucho los ojos.
- ¿Szerelmes está prometida? Pero, a ver, ¿Cuántos años tiene, veinte?
Light rió.
- En primer lugar, no la llames Szerelmes en su presencia o te cortará en trocitos y se los dará a su gato. Y en segundo lugar, tiene veintiuno.
Rochelle miró a Light con desconcierto.
- ¿Está embarazada?
- No. Peor. Está enamorada- respondió el joven con una mueca de asco-. Dan grima. Y empalagan. Mucho- cambió de expresión-. Bueno, qué, ¿te vienes?
Rochelle se mordió el labio inferior y miró a sus amigas, que charlaban tontamente sobre algún tema superficial. Se giró hacia Light.
- Por supuesto.
El chico sonrió y le rodeó los hombros con un brazo, ante la estupefacta mirada de sus amigas.
- Mi novio se va a poner celoso. Cuando está celoso es insoportable- comentó ella.
- No, Rochelle, Eric es insoportable todo el tiempo. Solo que tú no te das cuenta.
Rochelle le dedicó una mirada de desdén.
- Cuanto tiempo sin hablar, ¿no?- comentó ella.
- Si. Desde hace… cinco años. Cuando mi hermana y tú dejasteis de ser amigas. Una lástima.
- ¿Y me hablas ahora por qué…?
- Porque me necesitas- contestó él con una arrogante sonrisa.
Rochelle le pegó con la carpeta.
Pero, aunque no lo supiera, sí lo necesitaba.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Octavo paso: Sé cínico

En las dos semanas siguientes, la nueva relación de amistad entre Stephan y Lux sufrió no pocos altibajos.
El motivo eran las clases. Stephan no tardó en comprobar que Lux era exigente y algo controladora en los estudios a la vez que explicaba a la perfección y siempre podía entenderla. A pesar de todo, el acababa cansadísimo de las otras clases particulares y del entrenamiento, por lo tanto le era imposible seguir el ritmo impuesto por la chica.
Un día, Stephan estaba tan cansado que no entendía nada.
- ¡Pero si es muy fácil!- exclamó Lux perdiendo los papeles por primera vez-. No hay nada más fácil en matemáticas que esto.
- ¿Logaritmos? ¡Venga ya! ¡Tardé una semana en recordar el nombre!
- Mira, Stephan, ¿se puede saber por qué estás así?
- ¡Soy estúpido! ¿Vale? Nada me entra, Dios, parezco retrasado.
Dicho esto cogió su libreta, enfurruñado, y empezó a garabatear letras de canciones.
Lux se acercó a él y levantando su cabeza, le miró fijamente a los ojos.
- No eres retrasado, Stephan, no digas gilipolleces. Has entendido todo muy bien hasta ahora, me sorprendió que necesitaras clases- dijo ella, sacándole la libreta de la mano.
- ¿De veras?
Lux asintió distraídamente mientras leía el contenido de la libreta. Al poco rato, empezó a reír. Primero bajito y luego a carcajadas.
- ¿Qué pasa?- inquirió Stephan con el ceño fruncido-. Es una canción absurda, lo sé, es de las que me pasa…
- No, no es por la canción- respondió ella entre risas-. Es que…- ahogó otra carcajada-. Claro que no eres retrasado, Stephan. Eres disléxico. Como Light.

También Darwin había hecho una nueva amiga, pero la situación era un poco más… difícil de controlar.
- Hola, Charles- le saludó Trixie Torelli con una sonrisa en clase de Biología-. ¿Me puedo sentar contigo?
Darwin frunció el ceño y miró a la guapa rubia.
- Claro, claro que puedes.
Miró a sus amigos, Axel y Lux, que estaban sentados juntos.
Últimamente, Lux hablaba constantemente de Stephan. Y no mal, lo que lo ponía enfermo. Hablaba bien de él, de cómo se lo pasaban en las clases.
Ese día estaba muy guapa, como siempre. Llevaba su camiseta de The Beatles y unos pantalones verdes. Y sonreía. Más que de costumbre.
Miró entonces a su compañera de al lado. En los últimos días había optado sentarse con él en todas las clases en las que coincidían, lo cual no entendía muy bien, pero estaba conforme. Era una chica simpática y agradable, mucho más inteligente de lo que había pensado.
Habían vivido un momento un poco tenso unos días antes, cuando él fue a su casa (una enorme mansión de tres plantas e infinitos dormitorios) y él se había negado a mirarla cuando se presentó delante suya en ropa interior.
Ella lo había visto como un gesto caballeroso y desde entonces había seguido intentando conquistarle con más énfasis.
- Hoy estás muy guapo…- musitó ella, jugueteando con el pelo y sonriéndole con coquetería-. ¿Quedamos después de clase para terminar el proyecto para el lunes?
- Ehh… hoy no puedo. Quizá el viernes.
- ¿El viernes? Genial…- murmuró ella-. Pero si quieres quedar en el descanso y hacerme una visita…- arqueó las cejas y le tocó el pelo con sensualidad.
Él cogió su mano y la dejó en la mesa. Luego la miró a los ojos, esos preciosos ojos azules verdosos, y dijo:
- No tienes por qué ser así.
Ella sonrió. Se escuchó el timbre fuera y ella se levantó.
- Eres el primero que me lo dices. Así que lo más seguro es que insista- le besó en la mejilla y le guiñó un ojo-. El viernes, en tu casa.
Darwin iba a decir algo referente a que su casa no era el lugar idóneo, pero la Trixie ya había salido.

martes, 15 de noviembre de 2011

Séptimo paso: No bajes la guardia

Axel se sentó en la silla que había al lado de la cama. Su madre yacía inconsciente, con el cuerpo cubierto de moretones.
Una caída por las escaleras, había puesto su padre en el informe. Por lo menos no había tenido la desfachatez de quedarse allí. Si lo hubiese hecho, Axel tenía claro que le habría molido la cara a golpes.
Miró a su madre con pesar mientras le acariciaba el pelo cariñosamente.
“Me he quemado con el horno, eso me pasa por intentar cocinar”. “Me he resbalado en la ducha, ¡soy tan torpe!”. “Me he dado un golpe contra el marco de la puerta, Axel, no te preocupes.”
Cada vez que él sacaba el tema, ella reía nerviosamente y le decía: “Qué cosas tienes, cariño. Papá jamás haría una cosa así”.
Le partía el corazón verla así. Se le aguaron los ojos involuntariamente en una mezcla de rabia y angustia por su madre, que no se decidía a comprender que debía dejarlo por su bien.
Se acomodó al lado de su madre, en un pequeño hueco, y le agarró la mano con fuerza.
“Mamá…”
__
Lucy miró extrañada a su hermana.
- Ro-ro…- preguntó con esa entonación infantil-. ¿Estás bien?
Rochelle se despertó de su ensoñación de repente y le dedicó a su hermana una enorme sonrisa.
- Por supuesto que estoy bien, Lu. ¿Quieres jugar a algo?
- ¿Por qué no comiste hoy conmigo?- inquirió la pequeña-. Ahora solo comes una manzana. Se lo he preguntado a la cuidadora y me dijo que eso te va a poner malita.
- No tenía hambre- contestó Rochelle secamente.
- Nunca tienes hambre- observó Lucy. Se le iluminó la mirada-. ¡Ala!- exclamó, riendo-. Puede que seas como las chicas con poderes de la tele.
Rochelle sonrió de nuevo y le alborotó el pelo a su hermana.
- Ojalá, Lu. Ojalá.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Sexto paso: Actúa

Lux llegó al instituto a las nueve y media del sábado coaccionada por Light, que tuvo la gentileza de prestarle su moto.
Aparcó la moto y se dirigió a secretaría corriendo. Llegaba tarde.
Y allí estaba él. Llevaba un gorro negro y una cazadora gris con unos vaqueros gastados. Parecía un modelo. De repente, sin sabes por qué, se sintió ridícula con su camiseta de System of a down y su chaqueta de cuero.
Las clases de Física y química se les hacían muy raras. Ambos se pasaban toda la hora en el silencio más absoluto lo más alejados posible el uno del otro. En el trabajo, habían optado por la misma solución que Rochelle y Axel, y se ignoraban en la medida de lo posible.
Katarina Perry apareció con una cruel sonrisa en los labios. O al menos, eso le pareció a Lux.
- Buenos días, chicos. ¿Preparados para limpiar las pintadas de los baños?
- ¿¿Cómo que de los baños??- exclamó Stephan, horrorizado.
- ¡Usted dijo del gimnasio!
- ¿Eso dije? Mmm… debí cambiar de opinión cuando vi que vuestras respectivas redacciones eran sobre vosotros mismos y no sobre el compañero. Una lástima. Pero… mirad el lado positivo- dijo, mientras les entregaba unos guantes, una bayeta y un cuyo lleno de agua con legía a cada uno-. Podréis despotricar sobre mí.
Los dos jóvenes se dirigieron al baño de chicos del piso de arriba después de que la señorita Perry les advirtiera de que vigilaría su trabajo cada par de horas.
Tuvo que pasar una hora en el más completo silencio para que Stephan se atreviera a hablar.
- ¿Por qué me odias?
Lux paró en seco de limpiar un “3ºB, los mejores :D” y sacó la cabeza del compartimento.
- No te odio- contestó ella, pensativa-. Me irritas, eso es todo.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué no te caigo bien?
- He preguntado yo primero.
- Está bien…- pareció pensárselo-. Te comportas como si todo el mundo tuviera la necesidad de saber que existes, te vistes como si el instituto fuera una pasarela y paseas a tu novia por ahí como un trofeo aunque se nota que no te importa una mierda. Aunque, en realidad, no tengo nada en contra de que trates así a Miranda, me cae bastante mal. Pero está mal. ¿Por qué no te caigo bien?
Stephan se paró y miró a Lux.
- Te comportas como si supieras exactamente como es cada persona, te vistes como si el instituto fuera un concierto de rock y mi novia te cae mal.
Lux acomodó y rió.
- ¿Te molesta mi forma de vestir?
- No. Pero el comentario de la ropa me molestó. Sobre todo porque es mi madre la que prácticamente me compra y escoge la ropa.
- ¿Qué?
- Hablo en serio.
- ¿Tienes de esas madres controladoras súper protectoras?
- No. Tengo de esas madres controladoras híper exigentes.
Lux esbozó una sonrisa amarga.
- Mi madre es todo lo contrario. Está tan ocupada con mis hermanos que aunque le dijera que me voy a vivir a una comuna nudista en la que se hacen ritos satánicos con semen de ballena lo máximo que conseguiría de ella sería un: “Ya me lo explicas luego, cariño”.
Stephan rió y se acercó un poco a Lux para oírla mejor.
- ¿Cuántos hermanos tienes? Aparte de Light, claro.
- Siete contando a Light. Dos mayores y cinco pequeños.
- ¿¿Siete??- exclamó él, con los ojos como platos-. O sea, sois ocho. Vaya. Perdona por el comentario, pero tus padres han debido pasárselo bien.
- Oh, no te creas. Después de mí empezaron a venir en packs. Primero de dos y luego de tres.
El chico volvió a reír mientras apoyaba la cabeza en la pared del baño.
- ¿Tú tienes hermanos?- inquirió ella, limpiando distraídamente un dibujo de un corazón.
- Bueno, yo…- comenzó a decir-. Está…- tragó saliva-. Está Lisa, mi hermana mayor.
- ¡Oh! Santa bendición tener una sola hermana. Te envidio.
Él esbozó una media sonrisa.
- No creas- cambió de tema rápidamente-. Tus padres seguro que son buenas personas. Los míos son horribles.
- ¿Y eso?
- Me presionan para que saque buenas notas, para que gane todos los partidos, para que esté a la altura y para complacer a todo mundo. No los aguanto.
- Pero parece que no tienes problemas por hacer ninguna de esas cosas.
El chico rió amargamente.
- Posiblemente sea el que peores notas saca de la clase. Y el fútbol se me da bien, pero lo odio.
- ¿De verdad? Jamás me ha dado esa sensación. ¿Y por qué crees que…?
Y así pasaron dos, tres, cuatro y hasta cinco horas, hasta que llegó, sin darse cuenta, la hora de volver a casa.
Katarina Perry esbozó una sonrisa de autocomplacencia mientras observaba a sus alumnos irse charlando.
- Oye, Stephan…- musitó Lux, como quién no quiere la cosa-. Mira, si de verdad te va tan mal con las notas, yo podría darte clase.
A Stephan se le iluminó la mirada.
- ¿Hablas en serio?
- Sí, claro. Si tal concretamos el lunes y eso.
- ¡Mil gracias, de verdad!
- De nada. Así practico- comentó ella con una sonrisa, mientras cogía la moto de Light.
- ¡Oh, gracias, gracias, gracias!- exclamó de nuevo, abrazándola impulsivamente.
- De… nada- respondió ella, sorprendida.
- ¡Adiós, Lux!
- Adiós… Stephan.

Quinto paso: Tantea el terreno

- Usaremos estas dos horas para conocer al compañero- informó la señorita Perry-. Y quiero que mañana me traigan una redacción de tres páginas sobre él.
La mansalva de quejas fue casi instantánea.
- Me da igual que tengáis maravillosos planes o lo que sea que vayáis a hacer con vuestras vidas, el punto de asistencia y el de buena relación con el compañero están en juego, así que haced lo que consideréis oportuno.
Lux miró a la profesora con la mayor cantidad odio del que pudo hacer acopio.
- ¡Pero no es justo!- gritó-. ¡No podemos escribir un trabajo de tres páginas sobre alguien al que no conocemos!
- Pues pasad la tarde juntos.
- Está usted mal de la cabeza.
Katarina Perry atravesó a Lux con la mirada.
- Lux Hawthorne…- miró en su cuaderno-. Media perfecta de sobresalientes, una de las pocas estudiantes cuyos trabajos no están copiados de internet. Pero, aún así, eres una de las alumnas que más castigos recibe por su insolencia y su habilidad para hacer siempre lo que le sale de la real gana.
- No puede pedirme que pierda mi tiempo conociendo a este individuo- musitó, señalando a Stephan con la cabeza.
- Un respeto, niña- le espetó Stephan, mirándola con enfado en la mirada.
- No pidas respeto si no hagas nada lo suficientemente importante como para merecerlo- le contestó Lux de malos modos, mirándole a los ojos.
- Aplícate el cuento, ni que fueras tan interesante.
- Por lo menos cuido a mis hermanos y me pago mi ropa, ¿acaso has movido tú un dedo alguna vez por los demás?
- No, mi mayor logro es no creerme más que los demás, mira tú.
- Oh, ¿en serio? Un egocéntrico jugador de fútbol que no se cree especial, que cosa más falsa…
- Pero tú…
- ¡Ya basta!- bramó la profesora, harta-. Vosotros dos, me temo que vas a tener todo el sábado limpiando las pintadas del gimnasio para mejorar vuestra relación, ¡y que no se vuelva a repetir!

- Sabes perfectamente como me llamo, nací el tres de febrero del noventa y cinco, soy acuario y mira tú por dónde, odio a la gente que se cree una estrella sin llegar a purpurina- dijo Rochelle con rapidez.
- Eso de odiarse a uno mismo es muy feo, megapija.
La chica inspiró con fuerza.
- Yo me llamo Axel, ¿sabías?.
- Que te den- cogió un folio y empezó a escribir-. Mira, haremos una cosa. Yo escribiré la redacción sobre mí y tú sobre ti. Mañana me la das y todos contentos, ¿estamos?
- Por mi bien- respondió él.


- Pues yo me llamo Beatrisce Torelli, aunque ya lo sabes. Me puedes llamar Trixie, aunque creo que ya te lo he dicho- dijo Trixie con una sonrisa coqueta.
- Así es- dijo Darwin.
- Mi color favorito es el azul. ¿Sabes por qué?
- No, ni idea.
- Es el color de tu camiseta hoy.
Darwin se quedó petrificado. Miró de arriba abajo a la chica que tenía delante y luego miró a su camiseta con expresión de desconcierto. Tragó saliva con dificultad.
- ¿Disculpa?
- Estás tan sexy que ha pasado a ser mi color favorito- comentó ella, con voz melosa.
Darwin intentó entender la situación. Una de las chicas más buenas del instituto… ¿intentaba ligar con él?
- Tú también estás muy guapa, supongo.
- ¿Supones?- preguntó ella poniendo pucheros.
El chico carraspeó y miró al frente.
- Ya… ya sabes cómo me llamo. Mi cumpleaños es el… ocho de junio. Y mi color favorito es el verde.
- Mis ojos son verdes- comentó ella-. ¿Te gustan mis ojos?
- Si, mucho, son preciosos, pero…
- Será importante darnos el número de teléfono, ¿no crees?
Darwin salió de allí con la total sensación de haberse perdido algo.

Cuarto paso: Finge

Cuando al día siguiente Rochelle entró en el instituto, no pudo evitar sentir una punzada de desazón. Tenía dos horas seguidas de Física y Química, lo que significaba estar sentada con una persona que le caía verdaderamente mal mucho rato.
Entró a instituto, como siempre, inspirando con fuera. Nada más poner un pie dentro, sus amigas se le acercaron corriendo.
- ¡Rochelle!- exclamó Miranda King al verla-. ¡Estás genial, como siempre!
Rochelle esbozó una sonrisa forzada.
- Miranda, hola. Tú también.
- ¿Sabéis la profesora de Física y Química?- preguntó Amber Johnson con expresión de desdén-. Esa bruja me ha sentado con Bethany Márquez. ¿Os lo podéis creer?
- ¿Márquez? ¿La amiguita de Torelli?
- ¡La misma! Dios, no os creeríais lo molesta que es. Está todo el rato haciendo ruiditos con el boli o masticando chicle. Pone de los nervios.
  - Pues no os creeréis con quién han sentado a Rochelle- comentó Dianne Baker en tono de confidencia-. ¡Con el mismísimo Axel Wright! Cuando me enteré de que te sentaban con él casi me muero de la envidia. Te lo cambio por Eric, que además es tu novio. Espero que no te moleste que me siente con él- dijo, con una sonrisa de suficiencia.
- No me molesta, Dianne, confío en Eric- respondió Rochelle con malicia.
Las demás las miraron sorprendidas, pero se abstuvieron a hacer ningún comentario.
- A mí me molesta- apuntó Miranda-. Que hayan sentado a mi Stephan con la freak de Lux Hawthorne.
Amber arqueó las cejas con desacuerdo.
- Sí, muy freak y todo lo que tú quieras, pero es la mejor amiga de Axel Wright. Esa no tiene un pelo de tonta. Además, a pesar de lo rara que es, no es nada fea. Y es la hermana de Light Hawthorne.
- ¿¿Qué?? ¡Llevo enamorada de ese chico desde primaria  sin saber que eran hermanos! Que shock…- comentó Dianne con los ojos como platos.
Rochelle dejó de escuchar. Esas conversaciones se le antojaban frías, banales y le daba la sensación de haberlas oído mil veces. Además, pensar en Lux le hacía recordar que las amigas pueden tener otros temas de conversación que el género masculino, y la echaba demasiado de menos.
Se masajeó las sienes antes de dirigirse a la clase. A primera tenía Filosofía. Irónico.
__
En el recreo justo antes de la clase con el Sargento, que era como Axel llamaba a  Katarina Perry, Lux se dirigió a su taquilla, que, por desgracia, estaba horriblemente cerca de la de Stephan y aún más de la de Light.
- ¡Querida hermana!- exclamó, al verla-. ¿Qué tal el día?
- Light, ¿por qué me hablas?- preguntó Lux con cara de fastidio mientras abría la taquilla.
- Porque te quiero y me he enterado de que te sientas con Stephan Grey en la próxima clase- contestó, con una gran sonrisa-. Es uno de mis mejores amigos, viene conmigo a fútbol. No seas muy dura con él. Ni le pongas “la mirada”.
Lux miró a su hermano a los ojos, idénticos a los suyos, y mantuvo la mirada durante un largo rato.
- Conmigo no funciona, Lux- dijo Light, sonriendo.
- No, si ya lo sé, solo pretendía hacerte entender que estoy en esos días del mes en los que no conviene tocarme la moral.
- Oh. Comprendo. Pesadilla en Elm Street. Lo pillo- la miró de arriba abajo-. Estás muy borde, ¿no? Los dieciséis son muy malos.
- Hablas como si fueras todo un veterano, hermano-mayor-que-solo-me-lleva-un-año.
- Un año y cuatro meses, disculpa…
En ese momento, Stephan hizo acto de presencia de la mano de su novia, Miranda King, la cual estaba pegada a él y no paraba de decirle cosas empalagosas.
Ambos hermanos se quedaron mirando a la pareja con expresión de asco.
- Creo… que me voy a vomitar arcoíris por ahí y tal- comentó Lux justo antes de cerrar la taquilla con un golpe que sobresaltó a los enamorados.
- Que niña más rara, por Dios- comentó Miranda, dedicándole una mirada de desdén-. Bueno, amor, me voy a mi taquilla. Nos vemos en clase. Te quiero mil…- musitó, mientras lo besaba.
Después de que Miranda se fuera, Light no pudo evitar echarse a reír.
- ¿Cómo la soportas?- preguntó mientras chocaban los puños.
- Supongo que es mona- contestó Stephan, abriendo la taquilla-. Y cuando no está siendo así de empalagosa es divertida.
Light se encogió de hombros y sacó varios libros de la taquilla.
- Es más mona Amber Johnson- comentó-. Y no tan pesada.
- Si nos ponemos a pedir, me quedo con Rochelle Williams- respondió Stephan, sonriendo mientras asentía-. Es la más guapa del grupo.
- Ya, pero está demasiado delgada- opinó Light, arrugando la nariz-. Parece casi anoréxica. Y tiene novio. Prefiero a Beatrisce Torelli. Esa sí.
- Ya, es muy mona.
Los dos amigos se despidieron y se dirigieron a sus respectivas clases. Light, despreocupado. Stephan, rogando a Dios para que Lux no fuera demasiado… Lux.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Tercer paso: Imítalos

Stephan recorrió el camino a casa pensando en lo mucho que le costaría aprobar ese curso. Luego volverían los gritos, los “me has decepcionado” y los “eres como ella”.
Se obligó a no pensar en Lisa. Dolía demasiado.
Entró en su casa con sigilo, rogando para que sus padres no estuvieran.
Respiró, aliviado. Según la nota de la cocina, habían ido a alguna de esos patéticos brunchs  importados de los Estados Unidos. Se preparó una pizza en el microondas y comió viendo en la tele, tal como sus padres le decían que no debía hacer.
Después fue a su cuarto y abrió su armario. Allí sacó el regalo que Lisa le había hecho por su décimo cumpleaños. Recordó que le dijo que tuvo que ahorrar la paga de medio año para poder pagarlo y no pudo evitar sonreír.
Su apreciado teclado Tyros 2.
Recordó sus palabras. Cuídalo bien, Teph, que es muy caro. He leído en internet que es  muy bueno. No le digas a papá o a mamá que te lo he comprado. Pensarán que intento corromperte con una afición femenina, como lo llaman ellos. Pero no les hagas caso. No hay nada más sexy que un músico.
Intentando ignorar la dolorosa punzada de angustia que le invadió, cogió sus garabateadas partituras, encendió el piano y se puso a tocar.
Era la canción de Lisa.
“When she left”.
__
Cuando Darwin llegó a casa, también entró con sigilo, pero por motivos muy distintos.
- ¡¡CHARLES!!- bramó su padre al escuchar el sonido de la puerta.
“Mierda”, pensó Darwin, apretando los puños.
Su padre llegó al vestíbulo tambaleándose.
Darwin se acercó a él, desafiante.
- ¿Has vuelto a beber? Por Dios, no son ni las tres…
- ¿Has vuelto a tirar toda la bebida? Como lo hayas hecho, maldito capullo, te juro que…
- ¿Quién te lo iba a tirar si no?
- ¡¡¡Te he dicho mil veces que no toques mis cosas!!!- exclamó su padre, amenazante.
- Ya, pero fíjate, todo lo que traes a casa es una mierda y como tengo un trastorno obsesivo compulsivo, no puedo evitar tirarlas a la basura. ¿Hoy no trabajas?
- Sabes perfectamente que es mi día libre, subnormal.
Darwin puso los ojos en blanco y se dirigió a su cuarto.
Pero antes de que diera dos pasos, su padre lo cogió por el cuello de la camiseta y lo estampó contra la pared con violencia.
- Mira, imbécil, la próxima vez que tires las cosas que he comprado con MI DINERO, te juro que te parto la cara, ¿entendido?
- Lo que tú digas.
Darwin se zafó de su padre y fue a su cuarto. Una vez allí, cerró la puerta con gran estrépito y se sentó.
Escuchó como su padre se iba al bar dando un portazo. Por lo menos allí no lo dejarían beber demasiado.
Sentado a los pies de la puerta, agarrándose a las piernas con los brazos, pensó en su madre. Con dificultad, alcanzó el cajón bajo de su armario y sacó una foto. En ella se veía a su padre, a su madre y a él, con ocho años. Justo un año antes de que ella muriera.
En la foto parecían felices.
Sin poder evitarlo, Darwin se echó a llorar.

Segundo paso: Observa

Rochelle se miró al espejo con expresión de descontento. La mancha de café era tan grande que era imposible cubrirla. Puso los ojos en blanco. Tenía una idea, pero era un poco exagerada.
La camiseta no era lo único que se había descolocado. Había llorado y se le había corrido el rímel. Inspiró con fuerza, como acostumbraba a hacer cuando su paciencia llegaba a su límite.
Cogió una toallita desmaquillante y empezó a limpiarse con cuidado. Mientras miraba al espejo, rememoró inconscientemente la escena. Lux, riendo. Sus amigos, defendiéndola como Rochelle solía hacer cuando, hacía años, una Lux con brakets, coletas y una excedida estatura para su edad se metía en líos.
Rechazó ese pensamiento enseguida mientras sentía como se le aguaban los ojos. Ni siquiera sabía por qué lloraba.
__
- Soy Katarina Perry y voy a ser vuestra profesora de Física y Química este año- dijo la mujer, mirando a la clase con natural severidad-. Este año subiremos mucho el nivel de la clase. Para aprobar mi asignatura no basta con prepararse los exámenes; ni mucho menos- empezó a escribir en la pizarra-. Diez por ciento asistencia; cuarenta por ciento exámenes y cuarenta por ciento el proyecto de laboratorio. Os advierto que no hago recuperaciones.
Lux, que estaba sentada al lado de una compañera nueva, levantó la mano con el ceño fruncido. La profesora le hizo un gesto con la cabeza.
- ¿Y el otro diez por ciento?
Katarina Perry sonrió y se sentó.
- Buena relación con el compañero.
Lux arqueó las cejas y miró a la compañera que tenía al lado. Ella sonrió tímidamente.
- Clarissa Roe, pero puedes llamarme Clary- susurró.
- Lux Hawthorne, encantada.
- Espero que no os creáis que el compañero lo vais a escoger vosotros- comentó la profesora-. Orden de lista. No me voy a arriesgar a que pase lo de los otros años, se me junten los amiguitos o las parejitas y tener que soportar dramas todo el año. Me niego. Ahora voy a pasar lista y os colocaréis según...- se oyó como llamaban a la puerta-. Adelante.
Se abrió la puerta y apareció Rochelle Williams. Toda la clase la miró con la boca abierta.
Se había sacado la camisa marinera y llevaba únicamente la americana, un tanto escotada.
La profesora arqueó las cejas, pero no hizo ningún comentario al respecto.
- Espero que tengas una buena razón para llegar tarde…
- Rochelle. Rochelle Williams.
- Rochelle. Que sea la última vez. No tolero la impuntualidad- volvió su mirada hacia la lista-. Eric Allen y Dianne Baker, primera mesa…
Con un descontento general, la gente se fue levantando y colocándose en sus nuevos sitios.
- Cuanto lo siento, Stephan- dijo Miranda King, su… novia, poniendo pucheros-. Me hacía mucha ilusión sentarme contigo, y ahora…
- Ya, bueno…- musitó él mientras se encogía de hombros.
- Stephan Grey…
- ¡Aquí!- dijo él, justo antes de besar rápidamente a Miranda y guiñarle un ojo-. Ya verás cómo me sientan con otro chaval.
- … Lux Hawthorne.
A Stephan se le cayó el alma a los pies. Por alguna razón, esa chica le inspiraba respeto. La miró con fastidio, mientras que ella hizo un gesto de desprecio y puso los ojos en blanco mientras se sentaba en su sitio.
Mientras, Axel y Darwin vivían su infierno particular. Axel, por lo menos.
- ¿¿Qué voy a hacer sin ti?? ¡Mi mano derecha, mi compañero, mi amigo, mi amor! ¡Si no eres mi compañero me enfado y no respiro!
- Sobrevivirás- musitó Darwin, distraído.
Axel le dedicó una mirada de reprobación.
- ¿Por qué no reaccionas, Charles? ¿Acaso rechazas mi amor?
- No es eso, estoy calculando con quién debería tocarme. Charles Thompson, va justo antes de…
- Charles Thompson, Beatrisce Torelli.
Axel soltó una risa ahogada justo antes de echarse a toser. Desde las la otra punta de la clase, una incómoda Lux miraba a Darwin divertida mientras intentaba contener la risa.
Una impresionante chica de cortos rizos rubios, perfecta piel clara, ojos azul verdoso, alta y con un precioso cuerpo que resaltaba con una ropa que no dejaba demasiado espacio a la imaginación buscaba a Darwin con la mirada.
- ¿Charles Thompson?- decía, con una voz sorprendentemente dulce-. ¿Thompson, Charles?
Darwin se frotó los ojos y se masajeó las sienes antes de levantarse y dirigirse hacia la chica, que al verlo, esbozó una enorme sonrisa. Después, profirió un gritito agudo mientras daba saltitos y palmas.  
 -  ¡Uno listo! ¡Me ha tocado uno listo!- ceremoniosa, se sentó en su silla y se alisó la minifalda con profusión-. Soy Beatrisce Torelli, encantada- dijo, apartándose el pelo de la cara y ofreciéndole la mano.
- Tu fama te precede- comentó Darwin con una sonrisa forzada mientras le estrechaba la mano.
- Rochelle Williams…- dijo la profesora levantando la mirada. La aludida levantó la mano-. Axel Write.
Ambos se miraron antes de dedicarle una elocuente mirada a la profesora que decía: “¿Está usted bromeando?”.
- ¡No puede sentarme con él, profesora!
- No haberse apellidado Williams. En mi clase no hago concesiones de ningún tipo. Siéntate, Rochelle- instó la profesora con una voz que no daba lugar a réplicas.
Rochelle se sentó, no sin antes dedicarle una única mirada furibunda a la profesora.
Miró a Axel. Él, desafiante, le devolvió la mirada.
- Este curso va a ser la mar de interesante- comentó él, arqueando las cejas.

Primer paso: No confíes

- Mierda- musitó Lux, dedicándole una mirada crítica al papel que tenía delante de los ojos-. Mi taquilla está muy lejos de las vuestras. ¿Qué haréis sin mí?
- Llorar por tu ausencia- murmuró Axel, mientras sorbía su tercer café de la mañana, sin quitarse las gafas.
Lux le dedicó una mirada de desdén mientras se levantaba con dificultad de las escaleras de la entrada, justo antes de empezar una perorata sobre lo mucho que la necesitaban los dos.
Esperaban a que empezara la presentación sentados allí, como de costumbre: Axel, bebiendo cantidades ingentes de café; Darwin leyendo y Lux… hablando.
- Lux…- murmuró Darwin, sin apartar la mirada del libro que tenía entre las manos-. Sabes… ¿sabes que el sonido de la voz femenina agota el cerebro masculino? Es solo un dato suelto.
- Eso lo explica todo- comentó Axel.
- Os creéis muy graciosos, ¿no?- dijo Lux, quitándole el café de las manos a Axel.
Justo en ese momento, la chica giró… con la fortuna de derramar todo el café sobre Rochelle Williams.
En un primer momento, Rochelle se quedó petrificada mirando fijamente a Lux con la boca abierta. Después, miró como había quedado su camiseta marinera o su americana. La americana estaba intacta; la camiseta tenía una enorme mancha de café. Una enorme, enorme mancha.
Rochelle inspiró, intentando mantener la calma.
- Hawthorne…- siseó-. Tenías que ser tú.
Lux sonrió, satisfecha.
- Gracias al cielo, no he tirado café encima de alguien al que no le venga bien.
- A ver, das pena. Tú y tus patéticos amiguitos. Parecéis una secta, por favor.
- Por lo menos yo tengo amigos… ¿Tú tienes? ¡Ah, no! Que tú los abandonas cuando te cansas de ellos. Eso… lo explica todo.
- Ha dicho que somos patéticos- dijo Axel, sacándose las gafas por primera vez en toda la mañana. Agarró a Darwin por los hombros-. ¡Charles! La pija nos margina. Vamos a llorar a los baños. Después comeremos un bote de helado e intentaremos no cortarnos las venas, ¿vale?
Darwin levantó la mirada del libro, se subió las gafas y se puso una mano en el pecho.
- Pero… Axel. Esto es muy duro. Que es la pija de la que estamos hablando. Me voy a tragar todo el bote de las pastillas que tengo que tomar cuando mi voz interior me dice que nunca tendré su estilo ni su pelo.
El corrillo que había formado alrededor de la discusión empezó a reír.
- ¡¡Charles!! ¿¿Sabes qué colores se llevan esta temporada?? ¡¡Porque yo no!! ¡¡Debemos morir!!
- ¡¡Yo tampoco!! Oh, por lo que más quieras, Rochelle, ¡azótanos con el catálogo de Prada!
Rochelle le dedicó una furibunda mirada a Axel y Darwin y su convincente actuación, mientras inspiraba con fuerza. Justo después se dirigió al interior del instituto con grandes zancadas.
Mientras se secaba las lágrimas provocadas por la risa, Lux exclamó.
- ¿Ves, Williams? ¡Para esto sirven los amigos!
 - ¿Qué pasa aquí?- preguntó Stephan Grey, irrumpiendo en el corrillo-. Oh… Wright, que raro verte incordiar.
- Que cuantiosa remesa de gente que nos da igual, ¿eh, Darwin?- comentó Axel, poniéndose las gafas con cara de fastidio-. Piérdete un rato, Grey.
- ¿Y si no me da la gana?
Lux volvió a levantarse de las escaleras. Se sacudió, se echó el pelo para atrás y se puso delante del chico.
Ella, que era por lo menos diez centímetros más baja, levantó la cabeza y miró a Stephan a los ojos.
- Piérdete, Stephan.
- No te metas, Lux- dijo Axel, levantándose también.
Stephan le devolvió la mirada a Lux, desafiante. Ella arqueó una ceja, pero no apartó la mirada, para su sorpresa. Se fijó en sus ojos. Era sorprendente que alguien de pelo castaño tuviera unos ojos marrones que destacaran tanto. Parecían casi translúcidos. Sin duda, eran unos ojos bonitos… rechazó todos esos pensamientos en seguida. Empezaba a sentirse incómodo. Su mirada intimidaba tanto… Suspiró y apartó la mirada.
Abrió la boca para decir algo, pero estaba tan impactado por el reciente contacto visual con Lux que no fue capaz de formular una palabra. Negó con la cabeza y se fue, sintiéndose como un estúpido.
Mientras tanto, Lux siguió su trayectoria con la mirada. Una vez se alejó lo suficiente, sonrió y se volvió a apartar el pelo de la cara.
- Menudo inútil.
Darwin y Axel la miraban con expresión de desconcierto.
- ¿Qué demonios acaba de pasar?- preguntó Darwin.
- ¿Cómo lo haces?- inquirió Axel, a su vez.
Lux los miró y se encogió de hombros mientras negaba con la cabeza.
- Años de práctica… y cinco hermanos pequeños.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Stephan

Stephan se alegró de meterse en la ducha por dejar de escuchar la incesante monserga de sus padres sobre que durante ese año debía mejorar las notas, que debía apuntarse a más actividades extraescolares y olvidarse de las chicas.
Suspiró mientras se miraba al espejo empañado del baño. Nunca era lo suficientemente inteligente, rápido, bueno, organizado, buen hijo… nada. Todos los años empezaba el curso sometido a la misma presión, y siempre acababan quedándole varias asignaturas. En los único aspectos en los que sobresalía, que eran en baloncesto y el fútbol, también era un desastre, según la experta opinión de su padre. Nunca encestaba las suficientes canastas ni marcaba los goles necesarios. La victoria nunca es suficiente, repetían una y otra vez. Tienes que destacar. Ser el mejor.
Le sorprendía que dos personas que se odiaran tanto entre sí pudieran ponerse de acuerdo para incordiar así.
Sea como fuere, al final se las arreglaba para pasar de curso y no perderse ningún partido. Ni perder ningún partido. Pero claro, Axel Wright siempre era mejor en todo. Notazas. El mejor en todos los deportes. Menos en el baloncesto, gracias a Dios.
Lo odiaba. A sus padres, al fútbol, a Axel Wright y al instituto. Pero qué decir, ya estaba acostumbrado.
Desempañó el espejo y un joven de dieciséis años, de pelo negro azabache y ojos azules, alto y atlético, pero con unos ojos sin vida, le devolvió la mirada.
Se puso los vaqueros, una camisa blanca y un jersey azul y bajó las escaleras.  En la cocina estaban sus padres desayunando. Él leía el periódico con calma, trajeado. Ella tomaba un café de pie mientras veía el canal del tiempo. Tal para cual.
- Oh, por Dios, Stephan…- musitó su madre nada más verlo-. ¿Y esos pelos? Estás horrible.
“No me digas”, pensó él.
- Corre y ve a cambiarte. ¿Vaqueros oscuros con un jersey azul marino? Ponte el jersey naranja.
Stephan suspiró y obedeció.
Una vez se cambió, no bajó inmediatamente, sino que se sentó en la cama y miró por la ventana. Vivía en un utópico vecindario, de esos en los que alguien controla que el césped mida cuatro centímetros, los setos estén bien podados y las casas bien pintadas. De esos en los que viven familias perfectas y radiantes. Era irónico que en el fondo, toda esa perfección fuera un espejismo, y que en realidad nadie fuera realmente feliz. No le sorprendió comprobar lo mucho que odiaba su vida.
Con el mayor sigilo que pudo, cogió su mochila, bajó las escaleras, dejó una nota en el espejo del recibidor y se fue; ese día pasaba de desayunar. Cualquier cosa con tal de alejarse de aquella farsa.

Rochelle

Rochelle se miró al espejo con el séptimo modelito de aquella mañana. Nada la convencía del todo, no estaba cómoda con nada de lo que se ponía. Sintió la boca seca. Sabía que la primera impresión era la más importante, y, por lo tanto, si ese día no iba perfecta al instituto, empezaría con mal pie. Lo odiaba, pero…
Al final optó por unos shorts vaqueros, una camisa marinera con una americana gris y sus tacones rojos. Se dejó su rizado pelo negro suelto, se aplicó un poco de corrector en las ojeras, rímel y gloss en los labios y se vio lista para salir.
Antes de bajar las escaleras, fue a la habitación de Lucy, su hermana pequeña.
- Lucy… Eh, Lucy…
La niña abrió sus pequeños ojos azules translúcidos, idénticos a los suyos, y sonrió.
- Roo… roo…- murmuró la pequeña.
- Feliz cumpleaños, Lucy- dijo Rochelle con cariño.
Lucy abrió mucho los ojos.
- Ro-ro… ¿Hoy es mi cumpleaños?- preguntó con dificultad.
- Así es- respondió su hermana con ternura-. ¿Te acuerdas de cuantos cumples?
Lucy pareció ofenderse.
- ¡Claro que sí…! Ahora tengo…- la pequeña abrió sus dos manitas y frunció el ceño-. Ro-ro, me falta uno.
- Toma, te presto uno mío- dijo Rochelle, sonriendo mientras ponía su dedo índice al lado de las manitas de Lucy-. ¿Ves? Once años.
La niña rió.
- ¡Soy tan mayor que necesito que me prestes uno!
- ¡Fíjate!- exclamó Rochelle, abrazando a su hermana-. Mira, hoy empiezo el instituto, así que te traeré el regalo cuando vuelva. ¿Vale?
Lucy pareció contrariada.
- ¿Por qué no puedo ir contigo al tuto?
- Porque es muy aburrido. Te veré luego, ¿vale? Te quiero.
- Vale, Ro-ro… Yo también te quiero.
Cuando Rochelle salió de la habitación, no pudo evitar sentirse culpable por dejar a su hermana con su madre. No entendía por qué tenía que tratar tan mal a una niña solo por ser especial. Lucy era un ángel. El tener síndrome de Down no era culpa suya.