domingo, 5 de febrero de 2012

Décimo séptimo paso: Olvida lo que has aprendido hasta ahora


Darwin entró en la habitación de sus padres con sigilo y descubrió, aliviado, que estaba exactamente igual que cómo su madre lo había dejado, hacía ya siete años.
La cama sin hacer, la ropa sucia en amontonada en la silla, una puerta abierta que mostraba un baño con el maquillaje esparcido por todas partes… Aquel era el único desorden con el que se sentía cómodo.
Abrió el armario sintiendo casi culpabilidad por mover algo de lo que su madre había dejado. Cogió una de sus camisetas y la olió.
Olía a su madre. A tardes haciendo los deberes. A sábados por la mañana haciendo galletas. Al cuento de las nueve y media. A cenar todos juntos todas las noches. Y notó, con una punzada de pánico, que aquel perfume estaba desapareciendo.
Unas lágrimas empezaban a resbalar por sus mejillas cuando Trixie entró en la habitación en la que se encontrada.
- ¡Trix!- exclamó él, secándose las lágrimas con la manga de la camisa precipitadamente.
- Charles…- murmuró ella, con los ojos como platos-. ¿Qué te pasa?- miró a su alrededor y comprendió de repente-. Esta es… su habitación, ¿no?
- ¿Qué haces aquí?- preguntó él bruscamente, dándose la vuelta.
- Te dejaste la cazadora en mi casa- contestó ella, dolida-. Y pensé que devolvértela era una buena excusa para verte.
- Vete.
- Charles…- miró a su novio con desazón y sintió que las inseguridades de rigor afloraban en ella-. Siento haber venido. Pero es que habíamos quedado dentro de media hora, así que…- dijo, haciendo un fuerte esfuerzo para no llorar.
Al percibir el cambio en el tono de Trixie, Darwin se giró, asustado. Dejó la camiseta en su sitio rápidamente y corrió a abrazarla.
- Lo siento, lo siento, lo siento. Soy un monstruo- dijo, mirándola con preocupación en sus ojos llorosos-. No quería hablarte así, solo…
Trixie abrió mucho los ojos al ver el enorme hematoma que Darwin tenía en el pómulo.
- ¿¿Te lo ha hecho él??- exclamó ella, horrorizada.
Darwin miró al suelo.
- Esto no puede seguir así- musitó ella, mirándolo-. ¿Por qué ha sido esta vez?
- Le he escondido el dinero- respondió él, vacilante-. Porque iba a salir a emborracharse, como siempre.
Ella cerró los ojos y se mordió el labio inferior.
- Esto no puede seguir así. Tienes que contárselo a alguien. Un adulto.
- No puedo- respondió él rápidamente-. Me necesita. Sin mí… se derrumbaría del todo.
- Estás atrapado, ¿no?
Él asintió.
- Si necesitas contar lo que sea, o te pasa cualquier cosa, quiero saberla- comentó ella.
Trixie lo abrazó. Antes de que se dirigieran lentamente hacia el salón, Darwin le dedicó una mirada que denotaba el más profundo agradecimiento que puede sentir una persona.

- Oh, Dios, Lux, no- dijo Rochelle con el ceño fruncido, negando con la cabeza-. Vaqueros no. Tienes una cita, mujer. Ponte un vestido. Pero estate quieta, lo escojo yo.
Lux suspiró con fastidió y se sacó los vaqueros a trompicones.
- Chelle, estamos en noviembre. No me vistas muy… no me hagas enseñar demasiado, haz el favor- estiró los vaqueros y los puso encima de la cama-. Además, ni siquiera es una cita de verdad. A mí me gusta pensarlo, oh, vaya si me gusta, pero no.
Rochelle salió del vestidor con cuatro vestidos diferentes.
- Pruébate verde, anda- dijo, mientras doblaba los vaqueros, pero paró de golpe y miró a Lux-. Un momento…- sonrió con benevolencia-. No irás a un concierto, ¿verdad?
- No me sirve- contestó Lux, devolviéndole el vestido y cogiendo otro-. Si, si, ¿por qué…?- se tapó la boca con una mano mientras Rochelle le abrochaba el vestido-. Oh, no. Miranda lo sabe, ¿no?
Rochelle empezó a reír a carcajadas.
- Si, lo sabe- informó, entre risas-. Pero no sabía que eras tú la “zorra estúpida y fea que le quiere robar a su Stephan”. Que fuerte. Oh, espera- se puso delante de Lux y la observó de arriba abajo-. Este es perfecto. Te queda genial. Casi te diría que pases de probarte los otros. ¿¿Te mola Stephan??
Lux se sacó la toalla del pelo y se sentó en una silla al lado de la cual Rochelle tenía preparado un secador y unas planchas. Suspiró, soñadora.
- Muchísimo.
Entre el ruido del secador, Rochelle comentó:
- Últimamente Miranda siempre se está quejando de lo raro y distante que está. Puede que sea por ti.
- Sí, claro.
- Sería lo más normal.
- ¿Tú no deberías estar defendiendo a Miranda?
- ¿Por qué? Me cae fatal. Es la niña más tonta que he conocido en mi vida. Bueno, después de Dianne. Intenta por todos los medios que Eric se fije en ella y piensa que no me doy cuenta. Todo para ti, guapa- ambas rieron-. Es raro, nunca pensé que él era tu tipo de chico.
Lux miró pensativa a los tacones que le había escogido Rochelle un buen rato hasta que volvió a hablar, mientras ella la maquillaba.
- Él no es lo que parece. Es… es muy guapo, obviamente. Y está muy bueno, para qué negar lo evidente- comentó, provocando una carcajada de su “nueva amiga”-. Pero no sé… Se interesa por todo. Tiene como…un aura de niño pequeño curioso. Es encantador. Y sonríe todo el rato, ilumina allá donde vaya. Y es muy lanzado. Y divertido. Me encanta estar con él. Además, entiende de música de la buena que no veas- afirmó, con un deje de extrañeza en la voz.
- Lo dices como si fuera raro. Cierra los ojos.
- Debería serlo.
Quince minutos más tarde, Rochelle consideró que Lux estaba lista.
- Estás preciosa. Va a flipar. Le doy a la feliz pareja Stephan-Miranda un par de horas más.
- Gracias, Chelle.
- De nada. Y ahora vete, estará loco por verte.

Stephan estaba muy nervioso mientras esperaba a Lux.
Se sentía inseguro, como nunca antes. Miró la hora. Llegaba siete minutos tarde. Quizá iba a aparecer.
Miró a su alrededor y se sintió ridículo. Llevaba un girasol en la mano; sabía que esas eran sus flores favoritas. ¿Y si le preguntaba por él? ¿Qué contestaría?
Por fin, apareció.
Y se llevó una enorme sorpresa.
Llevaba un vestido rojo intenso hasta medio muslo y una corta cazadora de cuero. Se había puesto unos botines negros con tachuelas con mucho tacón y su pelo, normalmente suelto, estaba recogido en un moño, pero que dejaba que algunos mechones de pelo castaño le castaño a ambos lados de la cara.
Parecía que lo esperaba al otro lado de la carretera, apoyada en una farola mientras escuchaba música con unos auriculares y marcaba el ritmo con la cabeza y un pie.
La miró embobado unos instantes. Pasada la sorpresa inicial, se armó de valor y se acercó a ella.
Se puso detrás de ella y le tocó suavemente el hombro. Ella se giró bruscamente, sorprendida, pero sonrió al verlo con una sonrisa vacilante detrás del girasol. Se sacó los auriculares y le dio un beso.
- Estás preciosa- comentó él, algo cortado, después de darle la enorme flor.
Ella enrojeció de forma notable y miró al suelo para que no se le notara.
- Gracias… Bueno, no es mi estilo habitual, pero es que una… amiga quiso vestirme así.
Ambos rieron nerviosamente.
- Bueno, ¿vamos?- dijo él, ofreciéndole el brazo, con las cejas arqueadas.
Ella se agarró de su brazo.
- Vamos- respondió, con una enorme sonrisa.

sábado, 28 de enero de 2012

Décimo sexto paso: No cedas ni un ápice

Cuando a Rochelle se le calló el lápiz al suelo por cuarta vez, Lucy empezó a sospechar que su hermana no se encontraba bien del todo.
- Ro-ro…- dijo la pequeña, con el ceño fruncido-. ¿Estás bien?
Rochelle esbozó una torpe sonrisa y asintió desacompasadamente después de coger el lápiz.
- Si, solo estoy un poco… distraída- balbuceó a modo de disculpa-. Pero no me pasa nada, cielo.
Lucy miró a su hermana con desconfianza.
- Eric me cae muy mal- comentó, de sopetón, mientras recortaba un corazón.
- ¿Ah, sí?- inquirió Rochelle, volviendo a la realidad repentinamente.
- Así es- continuó Lucy, sin parar de recortar-. Es muy malo contigo muchas veces. Te dice lo que tienes que hacer. Y es muy malo conmigo también.
- ¿Lo es?
- Ajá- terminó de recortar el corazón y lo dejó sobre la mesa-. Hace unos días estabas muy contenta y muy guapa y comías conmigo. Pero dejaste de estar bien- puso una mueca pensativa y se levantó de la silla-. Me voy a comer una galleta.
Rochelle miró a su hermana con el ceño fruncido mientras ésta salía de la sala.
Escuchó el timbre y se levantó perezosamente para abrir la puerta, pero antes se pasó y observó que el corazón que su hermana había estado recortando con tanto esmero tenía algo escrito.
Lo cogió con curiosidad y leyó su contenido. No pudo evitar sonreír al ver un nombre escrito justo en el centro con su gran letra infantil.
LIGHT

Después del entrenamiento, Light alcanzó a Stephan por las escaleras.
- Hola, tío- le saludo éste, después de haber tenido que llamarlo un par de veces-. Lo siento, hoy estoy bastante distraído.
- ¿Y eso?
A Stephan se le iluminó la cara y esbozó una sonrisa enigmática.
- Es viernes. Me encantan los viernes. Además, he quedado.
Una pequeñísima luz se encendió en la mente de Light.
- ¿Con Miranda?
Repentinamente, Stephan adquirió una expresión de terror que se fue tan rápido como apareció. Después miró a su amigo y e inspiró una honda bocanada de aire.
- No, no voy con Miranda. Así que hazme un favor y no se lo comentes, ¿vale?
- No, tranquilo- musitó Light con los ojos entrecerrados-. ¿A dónde vas?
- Ah, pues a un concierto de Ed Sheeran. Y la chica… me gusta mucho, pero creo que yo a ella no, así que prefiero… no sé, no decírselo a Miranda por si no funciona… ¿te pasa algo?
Light miró a su amigo con una mal disimulada expresión de júbilo. Después apartó la vista.
- No, no me pasa nada. Es solo que me acabo de dar cuenta de algo maravilloso. Hablamos otro día, ¿vale?
- Vale…
Y, mientras el Light se dirigía alegremente a su casa, tan solo era capaz de pensar en el puteo que le caería su hermana.

Cuando la puerta se abrió, hubo algo que convenció la de que aquello no había sido una idea tan mala.
- Hola. ¿Quién eres?- preguntó una voz infantil desde el umbral.
- ¡Lucy! Hola, ¿me recuerdas?
Lucy Williams observó detenidamente a la chica que tenía enfrente. Pareció recordar y dejó escapar un grito de júbilo.
- ¡¡Lux!!- exclamó la pequeña, corriendo a abrazar a aquella vieja amiga.
- ¡Vaya, te acuerdas de mí!
- ¿Quién es, Lucy?- inquirió una voz detrás de la puerta-. Oh, Dios mío- dijo Rochelle nada más vio a Lux Hawthorne en persona allí mismo-. Oh, Dios mío. ¿Se puede saber qué demonios haces tú aquí?
- Tengo que hablar contigo sobre una cosa y pedirte un favor.
- Si, ya, que vas a entrar en mi casa. Lucy, entra.
La pequeña no parecía muy por la labor. Se abrazó con más fuerza a Lux y fulminó a su hermana con la mirada.
- No hasta que hagas lo que dice.
- Mira, Lucy…- empezó a decir Rochelle.
- ¿Se puede saber qué te pasa con Light?- preguntó de pronto Lux.
Rochelle se calló y miró a aquella amiga con la que hacía tanto que no tenía una conversación civilizada.
- Anda, pasa.
Lux entró dentro de la casa y se dirigió con paso vacilante hacia un salón en el que había estado decenas de veces antes. Se sentó en una silla, seguida atentamente por Rochelle, que se sentó enfrente.
- ¿Qué le has hecho?
Rochelle miró al suelo.
- No le he hecho nada. Es culpa suya.
- ¿Podrías decirme lo que ha pasado?
La chica arqueó las cejas.
- ¿Acaso no te lo ha contado?
- No, pero esta última semana ha estado como un alma en pena y como de repente habéis dejado de hablaros… he atado cabos- suspiró-. Y he visto como te mira cuando te ve por los pasillos. Parece un corderito degollado.
Rochelle miró fijamente a Lux con los ojos anegados en lágrimas.
- No es mi culpa, ¿vale? ¡Sé perfectamente que te encantaría culparme por esto, pero yo no…!- inspiró profundamente-. Yo jamás le haría nada.
Lux arqueó las cejas.
- ¿Te gusta mi hermano?- inquirió con un total desconcierto.
Rochelle enrojeció de manera notable y miró para otro lado mientras una lágrima resbalaba por su mejilla.
- Ya veo…- murmuró Lux-. Cuéntame lo que ha pasado.
Y Rochelle se lo contó todo. Le contó cómo durante dos semanas Light la había ayudado sin que ella lo supiera, cómo le dio un motivo para estar feliz y cómo de imprescindible se había vuelto para ella. Y por primera vez, le contó a alguien lo ocurrido en la noche en la que fueron a cenar juntos.
- Así que… ¿no pasó nada?- preguntó Lux, que prácticamente no había abierto la boca en todo el rato.
Rochelle negó con la cabeza.
- ¿Te gusta Eric?
Ella se encogió de hombros.
- Está ahí… es guapo… popular… no es muy listo, pero mis padres dicen que me conviene porque él…
- Está podrido de dinero- terminó Lux, alzando una ceja-. Y Light no, evidentemente.
Dos lágrimas empezaron a resbalar por las mejillas de Rochelle.
- No sé qué hacer…
 - Mira, no es que quiera parecer interesada ni nada, ya que Light es mi hermano, pero sé que cualquier persona sensata te diría que dejes de una vez al imbécil de tu novio y hables con Light. Pasa de tus padres. Yo lo hago muy a menudo. Se enfadan, pero al final se les pasa.
Rochelle rió entre sollozos.
- Mira, Light es genial. Y le gustas un montón, al parecer. No le hagas esto.
Rochelle miró a Lux con sincera gratitud en los ojos.
- Gracias por escucharme y hablar conmigo. De verdad que lo necesitaba.
- De nada- respondió Lux con una sonrisa. Después miró al reloj-. ¡¡Mierda!! ¡¡Ya son las seis y media!! Joder…
- ¿Qué pasa?- inquirió Rochelle.
- He quedado dentro de una hora y no me da tiempo de ir a casa y cambiarme. Ay, Dios… la que he liado.
- ¿Has quedado… con un chico?- preguntó Rochelle divertida-. Esto es como ver un unicornio hablando.
- Mira, Chelle, estábamos muy bien, no lo estropees.
- Me… ¿me has llamado Chelle?
- ¿Eso he hecho?- murmuró Lux, recogiendo sus cosas con prisa.
- Hacía años que no me llamabas así…- miró a Lux y sonrió-. Tranquila. Te prepararé yo para tu cita. Sube arriba y dúchate, en seguida te llevo una toalla.
- ¿De verdad?
- Si, si… Te estoy salvando. Seguro que tenías pensado ir como un esperpento. Te dejaré mi ropa; tenemos la misma talla. Sube, ya sabes dónde está en baño.
- ¡Gracias!- exclamó Lux, abrazando a Rochelle-. Eres la mejor, de verdad.
Lux soltó sus cosas de golpe y subió las escaleras como un rayo.
Lucy miraba la escena extrañada.
- ¿Pero vosotras no os odiabais o algo así?
- Algo así- comentó otra sorprendida Rochelle, mientras se dirigía al piso de arriba.

domingo, 15 de enero de 2012

Décimo quinto paso: No los imites más

- Te odio- murmuró Axel mirando a Alice con los ojos entrecerrados.
- Te dije que era muy buena jugando al póquer. ¿No lo recuerdas?- contestó ella con un tono neutro y sin cambiar la expresión.
- Ya, pero pensé que te estabas marcando un farol- el chico tiró las cartas encima de la cama mientras ella sonreía-. Oye, Alice…
- Dime.
Axel se revolvió en la cama todo lo que pudo teniendo la pierna izquierda fracturada.
- ¿Por qué estás aquí?
Ella, que barajaba afanosamente la baraja de cartas, paró en seco y se puso seria. Después, levantó la cabeza y esbozó aquella sonrisa benevolente que Axel solo podía calificar como “sonrisa Alice”.
- ¿Te refieres aquí en el sentido más literal de la frase? O sea, en tu cama hablando contigo, ¿o hablas del motivo azaroso o predeterminado que me ha hecho nacer en esta dimensión…?
- Alice…- dijo Axel, suspirando.
- Vale, vale…- contestó ella, riendo-. Me imagino que te habrá costado mucho armarte de valor para preguntármelo- cruzó las piernas sentada en la cama y miró al techo con una sonrisa amarga-. Tengo leucemia linfoide aguda en fase seis. Por eso no estoy del todo mal.
- ¿Tienes leucemia?- repitió él, repentinamente asustado.
Al ver la expresión de pánico del joven, Alice profirió una carcajada.
- ¡No es contagioso, tranquilo!
- No, no es por eso… pero…
- Suéltalo, Axel.
- ¿No era que solo la tenían los niños pequeños?
- Cumplo dieciséis el treinta de diciembre. En términos médicos, soy prácticamente una niña, pero sí, es más frecuente en niños más pequeños.
- Pero… estás bien. O sea, estás guapa, no demacrada ni nada de eso.
Alice arqueó las cejas.
- Gracias. Eso es porque estoy en una de las últimas fases. Llevo trece meses en el hospital.
- Guau- pronunció Axel con dificultad-. Yo sólo dos semanas, y la mayoría durmiendo, y ya me quiero dar con un extintor en la cabeza.
Ella rió y le alborotó el pelo.
- Por eso le hablo a la gente que está en coma. Disfruto de un montón de tiempo libre cuando no tengo que vigilar que mi madre no acose a los médicos con las cosas que ha leído en internet- dijo ella, con las cejas arqueadas con desdén. Pero recupero su espléndida sonrisa-. Además, si te dieras con el extintor en la cabeza, lo más probable es que acabaras con una conmoción grave, volvieras al coma, te despertaras a los tres mese con amnesia temporal y yo te hiciera trenzas alegando que es la última moda mientras tú me llamas Marilyn.
- Muy graciosa. Por cierto, antes vino Lux. Le caes muy bien.
- Lo sé. Soy adorable. Además, tengo ese aura de madurez que confiere una enfermedad a mi edad, ¿verdad?- bromeó ella.
- ¿Y yo tengo ese aura varonil de quién ha sobrevivido a una paliza?
- Ni de coña.
Desde la puerta, una arrepentida Valerie Write miraba las heridas de su hijo con los ojos empañados por las lágrimas y con la fuerte convicción de que eso no acabaría así.

- Hola, querida hermana- saludó Light a una distraída Lux en la comida.
- Hola, alma en pena que dejó de ser mi hermano en el momento que decidió no decirme qué le pasa.
Light suspiró con fastidio y miró al techo.
- Mira que eres cansina.
- ¿No tendrá nada que ver con un repentino cese de una repentina relación con mi ex mejor amiga?
- ¿¿Qué dices?? No tiene nada que ver.
Lux le sonrió a su hermano con benevolencia mientras, lo miraba fijamente a los ojos.
- ¿Entonces qué tienes? ¿Problemas hormonales?
- No sé ni para qué me siento contigo.
- ¿Por qué lo dices? Soy adorable. Además, es viernes. ¡Viernes! Llevo toda la semana esperando al viernes.
- ¿Por qué?
- Porque es la víspera del sábado- contestó ella sin mucha convicción, con la cabeza apoyada en las palmas de las manos con expresión soñadora. Suspiró, feliz-. Además, voy a salir. ¿Y tú?
- Paso, no tengo ganas- anunció Light, mirando a su hermana con los ojos entrecerrados-. Tú estás muy feliz hoy, ¿no?
Lux enrojeció de pronto y empezó a balbucear.
- No… no especialmente. A ver, no tengo por qué. Hoy es solo otro viernes cualquiera. Bueno, voy a salir, un concierto. De Ed Sheeran. Por eso es especial. Nada más- Light le dedicó una mirada escéptica a su hermana pequeña y usó el truco de la familia para hacer confesar: la miró fijamente a los ojos con las cejas arqueadas.
Lux enrojeció aún más y se tapó la cara con las manos.
- Voy con un chico. Pero tiene novia, y no creo que él quiera que se entere así que no digas nada.
Light sonrió, satisfecho.
- ¿Quién es?
- ¿Te mola Rochelle?
- No te voy a contestar a eso.
- Pues estamos en paz.
El chico suspiró con fastidio.
- Por cierto, ¿dónde está Darwin?- inquirió él, extrañado por ver a su hermana sola.
- Ah, es una historia muy curiosa- musitó ella, repentinamente sonriente.
- ¿Por? ¿Le ha pasado algo?
- Se podría decir.
- ¿Me lo vas a decir?
Ella rió y puso mechón de corto pelo castaño detrás de la oreja.
- Está con Trixie Torelli, su- parecía contener la risa-… novia.

Trixie no supo que tener novio fuera tan divertido hasta que empezó a salir con Darwin. No se imaginaba lo que sería seguir comportándose como hasta ese momento, disfrutando de líos ocasionales con el guapo sin cerebro de turno.
Le encantaba estar con Darwin. Nunca había aprendido tanto de una persona y por una vez había encontrado a alguien que entendía lo horrible por lo que estaba pasando. Con él podía pasar una tarde estudiando, ver una película en su casa (y ver la película de verdad) o contarle las los problemas ocasionales con su madre. Y él se sentía cómodo con ella y no la trataba como si fuera tonta.
Había pasado muy poco tiempo desde que salían, pero para ella era todo un récord y celebraba todos los días como si hubiera pasado todo un mes.
- ¡¡Hola, novio!!- exclamó al verlo salir de la última clase del viernes, a la que le había ido a buscar-. ¿Quieres venir a comer a mi casa? Para celebrar que llevamos cinco días saliendo. Mis padres no están.
- Claro- dijo él, sonriendo y dándole un suave beso en los labios-. El aniversario de los cinco días es muy importante.
- Por supuesto- dijo ella, muy seria.
- La gente debería celebrarlo más- añadió él, asintiendo con convicción.
Ella rió coquetamente y sintió mariposas en el estómago cuando él le cogió la mano.
- Hoy estás varios centímetros más baja- comentó él.
- Sí, bueno…- musitó ella-. He decidido empezar a llevar tacones más bajos. Con los habituales estaba tan alta como tú y me gusta que los chicos sean más altos.
Él se rió mientras se ponía frente a ella y le ponía las manos en la cintura.
- Qué rara eres- dijo, cariñosamente.
- Fue a hablar- contestó ella, besándolo.

martes, 3 de enero de 2012

Décimo cuarto paso: No huyas

Stephan repasó mentalmente las palabras que le diría a Lux y se guardó las entradas en el bolsillo de la chaqueta.
- ¡Lux!- exclamó Stephan al verla entrar por la puerta de la clase-. ¡Aquí!
La joven levantó la cabeza de golpe y miró a Stephan con una gran sonrisa. Se sentó en su sitio sin dejar de mirarlo y se apartó el pelo de la casa.
- ¿Qué… qué tal está Axel?- inquirió él, un tanto incómodo.
Lux rió y apoyó la cabeza en una mano.
- Ya ha despertado. Por fin. Y se lo ve muy contento- su expresión se ensombreció-. La policía sigue investigando quiénes fueron los que le dieron la paliza. Él dice que su padre les pagó, que los escuchó hablar por teléfono antes de quedar inconsciente.
Stephan jadeó, con los ojos como platos.
- ¿Su padre? ¿De verdad?
- Si, al parecer… Sus padres van de pareja progre y moderna, nómadas espirituales y todo ese rollo, ya sabes, en plan hippies new age, pero su padre es un retrógrado que pega a su madre y ella siempre lo esconde. Axel lo denunció la semana pasada y, ¡sorpresa!
El chico miraba a Lux con los ojos como platos y la boca abierta.
- Su padre está fatal.
Lux asintió.
- ¿Podemos cambiar de tema? Esta faceta de la vida de Axel es nueva para mí y se me hace raro. No me parece bien que siendo uno de mis mejores amigos me lo haya escondido durante tanto tiempo.
- Claro, como quieras- musitó Stephan.
Ella sonrió y sacó sus cosas de la mochila.
Mientras Lux escribía, Stephan le dedicaba miradas furtivas cada minuto, sufriendo una batalla interior intentando decidir si se lo decía o no.
Cuando sonó el timbre, ella se despidió y recogió sus cosas con rapidez.
- ¡Lux, espera!- exclamó él impulsivamente.
- ¿Si?- inquirió ella, girándose de golpe.
Stephan inspiró una bocanada de aire y dijo:
- Tengo dos entradas para ver a Ed Sheeran el viernes.
- ¿¿Ah, sí??- exclamó ella, con los ojos como platos.
- Sí, bueno… como sé que te encanta, me preguntaba si… ¿quieres venir conmigo?
- ¡¡Claro!! Esto… claro que sí. Por supuesto. ¡Gracias, gracias, gracias!- exclamó ella, abrazándolo. Le besó la mejilla repetidamente-. ¡Gracias!
Lux, se marchó corriendo, eufórica; Stephan, se quedó unos segundos mirando el sitio en el que momentos antes estaba Lux, con los ojos como platos; Katarina Perry sonreía discretamente detrás de sus gafas mientras ordenaba unos papeles y, en la otra punta de la clase, Miranda King deseaba con toda su alma que Lux Hawthorne desapareciera.

- Últimamente eres muy amigo de Hawthorne- musitó Miranda a la hora de la comida, intentando sonar casual.
- Claro. Somos amigos desde siempre- contestó él, distraído.
- No… no Light, su hermana pequeña. Lux.
- ¡Ah, sí! Sí. Es mi… amiga. Me cae muy bien- sonrió, como si se tratara de un chiste particular-. Me cae genial.
- Yo no la trago- comentó ella, con ira contenida en las palabras-. Me parece tan… rara…
- ¿Y? Es estupenda. Deberías conocerla. Aunque sí, tiene sus rarezas. Como todos.
- ¿A dónde vais el viernes?- preguntó de sopetón.
- A ningún sitio importante, Miranda, tranquila. No voy a enrollarme con ella ni nada parecido, es mi amiga.
- Más te vale- masculló Miranda, demasiado bajo como para que él pudiera oírlo.

Por otra banda, Rochelle tenía su infierno particular.
- Acabo de escuchar a Stephan y Miranda- dijo Eric con todo acusador.
- Ah- murmuró Rochelle, con la mirada triste.
- Están hablando de Lux Hawthorne. Curioso. Yo quería hablarte del otro Hawthorne.
- ¿Cuál? Son ocho- informó ella como un robot, sin prestarle mucha atención a sus palabras.
- Light.
Por primera vez desde que empezaron a hablar, Rochelle miró a Eric.
- ¿Qué pasa con Light?
- Déjame adivinar: es tu amigo.
- Algo así.
Eric negó con la cabeza.
- Es curioso que el otro día os vieran salir del Mama’s Kitchen juntitos. Y que te acompañara a casa. Raro, ¿no?
- ¿Quién te ha dicho eso?
- Dianne.
Rochelle maldijo a la chica en sus adentros, y miró a Light, que se encontraba en la otra punta de la cafetería con sus amigos.
- No pasó nada, Eric- por desgracia, pensó ella-. Me invitó a cenar allí porque somos amigos y me vio de bajón, nada más. Luego me acompañó a casa porque tenía miedo de que me pasara algo.
- ¿Seguro?
- Claro, Eric. Qué pensabas, ¿que te voy a dejar por él? Imposible- dijo, con una sonrisa forzada.
Eric miró a la chica con desconfianza, pero no dijo nada.

- ¡Hola!- exclamó Trixie al ver a Darwin fuera de la cafetería-. ¿No estás con Lux?
Él negó con la cabeza.
- Está haciendo pellas para ir a ver a Axel.
Trixie rió.
- Me encantaría ser como ella. Siempre hace lo que le da la gana y parece que nunca se arrepiente. Aunque me sorprende que se siga llevando con Stephan- Darwin apartó la mirada de pronto. Trixie abrió la boca, anonadada-. ¿No le has dicho nada a Lux aún?
Él negó con la cabeza, avergonzado.
- No me atrevo.
- Es algo muy grave, Darwin. Deberías decírselo cuanto antes.
La miró a los ojos, aquellos enormes ojos verdes, y le apartó el pelo de la cara.
- ¿Cuándo he empezado a depender de ti para todo?
Ella quedó petrificada.
- En serio. Eres la persona que más me ha ayudado en mi vida, y te conozco desde hace cuanto, ¿dos meses?
Trixie sonrió.
- Bethany me dijo que no era normal que me gustaras tanto- dijo. Calló a Darwin con un gesto-. Que era por todo eso de querer lo que no se tiene, pero no. Me gustas de verdad, Darwin. Así que no me digas esas cosas porque me das falsas esperanz…
En ese instante, sorprendiendo a todo el que pasaba por allí y contra todo pronóstico, Darwin calló a Trixie con un beso.
- No tengo mucha idea del tema y tal- dijo él, aparentemente aturdido por lo que acababa de hacer-. Pero creo que se hace así. Beatrisce Torelli, ¿quieres salir conmigo?
Con una enorme sonrisa, Trixie lo besó.
- Claro que sí, novio.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Décimo tercer paso: Enfréntate a ellos

Stephan volvía a casa bajo la lluvia, únicamente protegido de ésta por una capucha, mientras se lamentaba en sus adentros de lo infructuoso que había sido el día.
La llevaba buscando seis meses. Había ido a los barrios bajos, había hablado con toda clase de gente… pero nadie sabía nada de Lisa.
Mientras andaba, su mente empezó a divagar. Pensó en Miranda. Últimamente estaba más cargante y melosa que de costumbre. Eso estaba bien antes de tener con quien compararla, pero Lux… era tan distinta.
Era la chica más lista y divertida que había conocido en su vida. No había una sola cosa que no le gustara de ella. Su obstinación, su risa escandalosa, sus camisetas de antiguos grupos de rock y su mirada intensa.
Ese pensamiento le dio ganas de correr. Corrió y se sacó la capucha, con necesidad de gritar de pura euforia.
Cuando se acercaba a la verja de su casa, divisó una sombra sentada en el suelo, cubierta por un enorme impermeable. Levantó la cabeza.
- ¿Lux?
Confuso, se acercó a ella acelerando el paso.
Tenía los ojos rojos de tanto llorar y parecía perdida.
- Ni… ni siquiera sé lo que hago… a-aquí- balbuceó entrecortadamente, intentando tranquilizarse.
- ¿Qué ha pasado?- preguntó el con urgencia, mirándola preocupado mientras le apartaba un mechón de pelo castaño de los ojos.
- Es… Axel…- sollozó-. Le han… dado una paliza. Lo están operando en el hospital.

Axel estuvo doce días en coma.
Durante ese período tuvo una sucesión de pesadillas acerca de la paliza que le habían propinado. La revivía una y otra vez.
Él saliendo de su apartamento, los dos hombres siguiéndolo, los golpes en el callejón y, al final, una llamada al “señor Write”.
Recordaba a la perfección que dos días antes lo había denunciado a la policía. No le habían hecho mucho caso, pero le prometieron que hablarían con su madre y después con él. Lo cierto es que le producían cierta satisfacción saber que lo había asustado tanto como para sentir la necesidad de enviarle una amenaza como aquella.
Durante ese tiempo fue vagamente consciente de que le hablaban. Muchas veces eran Darwin o Lux, pero la mayoría era la voz de una chica que no conocía.
Se llamaba Alice y lo distraía de sus pesadillas. Deseaba abrir los ojos para poder verla y agradecerle su ayuda.
Le gustaba su voz. Era dulce y un poco grave. Le contaba muchas cosas: que vivía en el hospital, que cuando se despertara no se le ocurriera comer la carne, pues era malísima, le leía las noticias e incluso a veces le leía fragmentos de Orgullo y prejuicio con voz melodramática. Le caía bien.
Y estuvo allí en el momento en el que abrió los ojos.
- Por fin- musitó ella cuando él abrió los ojos.
La luz lo cegó momentáneamente y comenzó a vez todo borroso, así que entrecerró los ojos e intentó enfocar la mirada. Poco a poco abriendo los ojos vi pronto empezó a distinguir la expresión curiosa y divertida de Alice.
Era una chica de más o menos su edad, de enormes ojos azul oscuro, casi violeta y el rostro más dulce que había visto en su vida. En la cabeza llevaba un pañuelo que le cubría toda la cabeza.
- ¿Alice…?- susurró con voz ronca, descubriendo con desagrado que estaba entubado.
- Shh…- dijo ella, sonriéndole con dulzura-. Calla. Ahora llamo a una enfermera.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Duodécimo paso: Intenta no derrumbarte


Lux le dio al play y Kiss me, de Ed Sheeran, empezó a sonar. Parecía que esa canción describía muy bien como quería sentirse en ese momento. Bailó consigo mismo durante unos instantes. Sentía esa sosegada euforia de te proporcionan un par de horas en la casa del chico que te gusta.
Se tiró en el colchón, repentinamente contrariada. ¿Le gustaba Stephan? ¿Sí? No lo sabía. Era tan distinto a lo que se había imaginado… Era… aunque sonara cursi, él era un encanto. Divertido, con esa aura de niño curioso que lo acompañaba a todas partes… se sentía estúpida.
Y él lo tenía todo.
Incluso novia.
Suspiró resignada antes de coger el insistente teléfono.
- ¿Si? ¡Darwin! ¿Qué tal?- dijo ella, encantada-. No, estoy en casa… ¿Es algo malo? No te pongas melodra…- de repente, calló.
La voz de Darwin repitiendo su nombre se intuía mientras en móvil de Lux se precipitaba al suelo.

- No entiendo por qué tienes que seguirme- musitó Rochelle, contrariada.
- Porque te tengo vigilada. No pienso dejar que hagas ninguna tontería- respondió Light.
- ¿Qué clase de tontería?- inquirió ella, subiendo las escaleras hasta la puerta de su casa.
- No sé. Precisamente por eso te sigo.
Rochelle rió y abrió la puerta.
- Adiós, Light.
- Pienso entrar, Rochelle.
- Ni lo sueñes.
Él se coló rápidamente y cerró la puerta.
- No he terminado de vigilarte- informó él con una sonrisa de suficiencia.
- Oh, sí lo has hecho. Largo- dijo ella, divertida, empujando a Light hacia la puerta.
- ¡¡Ro-ro!!- exclamó Lucy, emocionada, saliendo de la sala.
- Mierda- susurró ella, mordiéndose el labio inferior.
Light, extrañado, miró a Rochelle y luego miró a Lucy. Luego se agachó y le tendió la mano a la pequeña.
- Buenas, señorita- dijo él, estrechándole la mano a la risueña niña-. Me llamo Light. ¿Tú cómo te llamas?
- Lucy- dijo ella, poniéndose colorada y sonriendo coquetamente.
- ¡Qué nombre tan bonito! ¿Eres la hermana de Rochelle?
Lucy asintió.
- Es mi hermana mayor. ¿Tú tienes hermanos?
Light rió.
- Muchos. Tengo siete hermanos. Yo soy el segundo mayor.
La pequeña entrecerró los ojos y pensó durante un rato.
- Yo también soy la segunda mayor.
- ¡Es verdad! ¡Qué jefa!- rió él-. Choca esos cinco. Deberíamos hacer un club.
Lucy chocó su mano con una sonrisa de emoción.
Mientras, Rochelle observaba la escena perpleja. Aún recordaba el día en el que le había presentado Lucy a Eric. Había pasado por completo de ella, había sido borde y no cambió su expresión de querer estar en cualquier otra parte en todo el rato. Y Lucy se había pasado toda la tarde triste.
Light llevaba un par de minutos con ella y la pequeña ya estaba loca por él.
- ¿Cuántos años tienes?- dijo ella, con expresión de curiosidad.
- Diecisiete. ¿Y tú?
- Once. Soy muy mayor- escrutó al joven con la mirada-. ¿Eres el novio de Ro-ro?
- Tu hermana ya tiene novio- dijo él con un suspiro-. Pero es bastante estúpido. Deberías convencerla de que salga conmigo.
- Lo haré- respondió la pequeña con una sonrisa perversa-. ¿Te gusta Bob Esponja?
- ¿Estás de coña? ¡Me encanta!
- Pues la convenceré si vienes a ver Bob Esponja conmigo alguna vez.
- Te lo prometo.
Rochelle entró en la cocina y dejó a su hermana y a Light hablando.
Cuando Light se despidió de la pequeña, entró en la cocina junto Rochelle.
- Tu hermana es un sol. Deberías habérmela presentado antes.
- ¿Has sido majo con ella sólo por mí? Porque te advierto que…
- Rochelle, tranquila, por Dios. Tengo seis hermanos pequeños, de los cuales tres son niñas de cuatro años. Me encantan los niños.
- Pero Lucy es…
- Lucy es una niña, ¿no? Pues eso.
Impulsivamente, Rochelle abrazó a Light.
- Gracias- musitó ella, con lágrimas en los ojos.
E, impulsivamente también, intento besarle.
Él giró la cara.
- Te besaría, pero sería aprovecharme- razonó él-. Además tienes novio.
- ¿No te gusto?- inquirió ella, confundida.
Sin mirarla a los ojos, se desembarazó de ella y se dirigió a la puerta.
- No seas estúpida. Hace dos semanas que comemos juntos y nos vemos a todas horas. Ese tiempo sobra para que empieces a gustarle a cualquiera.
Y, sin decir nada más, cerró la puerta de golpe.
Rochelle nunca se había sentido tan confusa.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Undécimo paso: Que no vean tus debilidades

Trixie se echó una capa de gloss en los labios antes de llamar a la puerta de la casa de Darwin.
Él le gustaba. Era amable, caballeroso y sincero, inteligente y divertido. Nunca le había gustado un chico así. Y tampoco nunca un chico le había dicho que no.
Llamó a la puerta con suavidad y escuchó un gran estrépito dentro de la casa, como de botellas de cristal cayendo. Darwin abrió la puerta apresuradamente, sorprendiéndose al ver de quien se trataba.
- ¡Beatrisce!- exclamó. Rápidamente bajó la cabeza-. Deberías quedarte fuera un momento.
- Voy a entrar, Charles- informó ella, escaqueándose por una esquina.
- ¡No…!- exclamó Darwin, pero ya era demasiado tarde.
Lo primero que vio Trixie al entrar en la casa, aparte de la pulcra organización que ya le era familiar en él, fue que la mesa estaba llena de botellas de bebidas alcohólicas.
- Espero que tengas una buena explicación para esto- murmuró ella.

- Entonces- dijo Rochelle, mirando a Light con extrañeza-, ¿esto qué es?
- Es una cena en el Mama’s Kitchen.
Rochelle rió y negó con la cabeza.
- Light, aquí hay por lo menos diez platos distintos.
Light miró a la repleta mesa. Estaban en una habitación pequeña vacía al lado del almacén del restaurante de los suegros de Elme, en el que el chico había preparado una improvisada mesa en la que había dos enormes pizzas y un enorme surtido de postres.
- Así es. Y los vas a probar todos- respondió él con una sonrisa de suficiencia. Apartó la silla para que la chica se pudiera sentar.
Después, él se puso detrás de ella y la sorprendió vendándole los ojos.
- ¿¿Qué haces??- exclamó ella, divertida.
- Ya verás.
Light se sentó enfrente de ella y cogió una porción de pizza.
- Abre la boca- le dijo. Ella lo ignoró-. Oh, vamos, te va a gustar.
Ella rió.
- Esta frase sacada de contexto se podría malinterpretar.
- Calla y abre la boca.
- Ahh…- dijo ella, abriendo la boca enormemente.
- Bien. Ahora muerde- la chica obedeció-. ¿Está rica?
- Si, pero esto tiene muchas calorías, preferiría que…
- Me da igual lo que prefieras. Vas a comértelo todo. Abre la boca.
Rochelle rió y obedeció. La pizza estaba rica. Para variar.

- Vaya- musitó Trixie después de escuchar la historia de Darwin-. Charles, no… no tenía ni idea- le acarició el pelo suavemente-. ¿Lo saben tus amigos?
Darwin negó con la cabeza, distraído.
- Eres la primera a la que se le cuento.
Trixie se sintió halagada, pero no dijo nada. Lo miró a los ojos.
- Deberías contárselo por lo menos a Lux. Sé que te gusta- dijo ella, con cierta pesadumbre en la voz-. Cuéntale lo que viste ayer. Debe  saber qué clase de chico es Stephan, y así te quitarías un peso de encima.
- No lo entiendes… quiero decírselo, pero… llevo años mintiéndole acerca de mi padre. No puedo confesárselo todo ahora. No sé por qué te lo he dicho a ti.
Trixie apartó la mirada y observó las botellas con rabia.
- Me haces sentir que tengo suerte- comentó-. Mi madre por lo menos… lo hace a escondidas.
- ¿Eh?- la miró, aturdido-. ¿Tu madre bebe?
La chica sonrió amargamente y se levantó. Cogió una botella, la abrió y empezó a vaciarla en el fregadero.
- Ven, ayúdame- dijo ella-. Sé perfectamente que lo mejor es vaciarlas y dejarlas en el mismo sitio. Así piensan que se las han terminado. Vamos.
Darwin se acercó a ella, y, en un acto impulsivo, la abrazó. Ella se sorprendió, pero le devolvió el abrazo con ternura.
- Gracias- susurró él.
- No hay de qué- respondió ella.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Décimo paso: Nunca dudes

Los suburbios eran horribles, pero muy a menudo Darwin debía pasarse por allí para buscar a su padre en algún bar anónimo lleno de desesperados como él. Recorrió las calles con melancolía, pensando que aquella era la peor manera de desperdiciar un jueves por la noche.
Mientras paseaba, recibió una mirada de Lux.
- ¿Dónde estás?- preguntó ella, con su habitual tono alegre.
- En el centro. He quedado con mi padre en una cafetería- mintió él con una punzada de desazón.
- Ah, guay- se produjo un incómodo silencio-. ¿Qué tal los últimos días? No sé nada de ti, en clase siempre te sientas con Torelli la devorahombres.
- Trixie.
- ¿Eh?
- Se llama Trixie.
Lux rió.
- Qué, ¿ahora sois amiguitos?
- Puede, y me molesta que hables así de ella.
En ese momento, los ojos de Darwin se abrieron mucho.
- Tengo que colgar. Hablamos mañana, Lux- colgó sin darle tiempo a réplica y se acercó hacia la figura que acababa de ver.
Una vez estuvo más cerca, se le cortó la respiración.
Pues el chico que tenía delante, hablando con lo que parecía una prostituta, era el mismísimo Stephan Grey.

Y, al otro lado de la línea, una Lux confusa miraba al teléfono sintiendo que perdía a su mejor amigo.

Valerie Write miró a su hijo con compasión.
- No ha sido papá, Axel. No. Me caí por las escaleras, ya sabes lo torpe que soy y…
- Por Dios, mamá…- dijo él, exasperado-. ¿Por qué no lo asumes de una vez? Te maltrata. Tienes que dejarlo.
- No hace tal cosa- respondió ella, cortante y con un tono demasiado duro-. Y ahora, si no te importa, me gustaría que me dejaras sola.
Axel miró a su madre con ganas de llorar y se levantó lentamente.
Cuando llegó a la puerta, murmuró.
- Ya sé que no te valoras lo suficiente como para dejar a ese cabrón- había rabia contenida en sus palabras-. Pero me consolaría que por lo menos me valoraras a mí lo suficiente como para apreciar tu vida.
Mientras salía de la habitación, Axel sintió como las lágrimas resbalaban por sus mejillas.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Noveno paso: No flaquees

Cuando Rochelle llegó al instituto, se sentía muy débil.
Llevaba, cuanto… ¿Dieciocho horas sin comer? No había desayunado ni había cenado la noche anterior. Fue al baño y vomitó. Irónico.
Se miró el espejo y le entraron ganas de llorar de impotencia. Prácticamente no había adelgazado. Sentía que le sobraba por todas partes. Gritó con exasperación y salió del baño.
Se dirigió a su taquilla. Puesto que estaban ordenadas alfabéticamente, estaba demasiado cerca de la de Axel, pero pensó que podría soportarlo. Y si, Axel era manejable, pero lo que se encontró allí (el trío completo), la desanimó por completo.
Corrió, abrió su taquilla y cogió todo lo necesario rápidamente.
- ¿Y esas prisas, Williams?- inquirió Lux, divertida-. ¿No quieres verme?
- No eres precisamente santo de mi devoción, Lux, pero simplemente tengo prisa- mintió Rochelle, sintiéndose cada vez más débil.
- No mientas. Te aterroriza la idea de estar conmigo porque te recordaría lo superficial que eres en realidad. Supéralo.
Rochelle se giró bruscamente, pero se arrepintió al sentirse repentinamente muy mareada. Todo empezó a volverse borroso a su alrededor y, sin poder controlarlo, se desmayó.

Cuando Rochelle recuperó la consciencia, se encontraba en la enfermería.
- Por fin despiertas- comentó la enfermera con expresión afable mientras ordenaba los papeles-. Tus amigos te trajeron antes pero han tenido que volver a clase.
- ¿Mis… amigos?- murmuró ella con dificultad, sin poder imaginarse a Dianne o a Miranda llevándola inconsciente a ninguna parte. Y mucho menos a Eric, que era demasiado delicado como para tal proeza.
- Si, Hawthorne, Thompson y Write. Fue una escena muy cómica, pues Hawthorne te trajo prácticamente sin la ayuda de los otros dos. Es una chica muy fuerte.
Rochelle estuvo a punto de decir que no eran sus amigos, pero visto lo que acababan de hacer por ella, prefirió guardar silencio.
- Voy a mirarte la tensión y a hacerte unas preguntas, ¿vale?
La joven se sentó lentamente y asintió.
En ese momento entraron dos chicos mayores a la enfermería, riéndose a carcajadas. Uno de ellos llevaba una mano cubierta de varias capas de papel higiénico. Rochelle lo reconoció enseguida: Light Hawthorne.
- A ver, Hawthorne…- dijo la enfermera con voz cansada-. Qué ha pasado hoy…
- Lo siento, señorita Harrison- dijo Light con una sonrisa-. Me he caído en el aparcamiento y tengo toda la mano despellejada.
- Muy bonito- musitó la mujer-. Ya sabes dónde está todo, suicida. En la próxima visita te regalaré un pastelito en conmemoración del día de visita número mil- Light sonrió e hizo una reverencia antes de dirigirse al botiquín-. Ahora voy a atender a esta chica así que no molestes.
- A la orden, mi señora.
- Oh, cállate- murmuró-. Bien- la mujer se acercó a Rochelle y le colocó un medidor de tensión arterial en el brazo-. Dime, ¿hoy has desayunado?
- Sí- mintió rápidamente Rochelle, cómo un acto reflejo.
- ¿Qué has comido?
- ¿Me está interrogando?- inquirió ella, nerviosa.
- No, tan sólo quiero saber lo que te ocurre. No hace falta ponerse a la defensiva- contestó la señorita Harrison mirando a Rochelle con reservas.
Rochelle se mordió el labio inferior y mintió. Mintió en todo lo que dijo.
Desde la otra punta de la sala, Light observaba la escena con cara de preocupación.

- ¡Rochelle!- exclamó Light en la puerta del comedor, al ver a la chica.
Ella, que se encontraba junto con sus amigas, sintió que el corazón le daba un vuelco mientras se acercaba a él.
- ¿Eres un emisario del diablo?
- No, no vengo de parte de Lux- informó él, con una sonrisa irónica-. Me preguntaba… ¿te gustaría comer hoy conmigo? Me gustaría hablar contigo.
- Ehh…
- Además, hoy me he cogido la comida el restaurante de los padres del prometido de mi hermana Elme y me han dado una barbaridad de cosas.
Rochelle abrió mucho los ojos.
- ¿Szerelmes está prometida? Pero, a ver, ¿Cuántos años tiene, veinte?
Light rió.
- En primer lugar, no la llames Szerelmes en su presencia o te cortará en trocitos y se los dará a su gato. Y en segundo lugar, tiene veintiuno.
Rochelle miró a Light con desconcierto.
- ¿Está embarazada?
- No. Peor. Está enamorada- respondió el joven con una mueca de asco-. Dan grima. Y empalagan. Mucho- cambió de expresión-. Bueno, qué, ¿te vienes?
Rochelle se mordió el labio inferior y miró a sus amigas, que charlaban tontamente sobre algún tema superficial. Se giró hacia Light.
- Por supuesto.
El chico sonrió y le rodeó los hombros con un brazo, ante la estupefacta mirada de sus amigas.
- Mi novio se va a poner celoso. Cuando está celoso es insoportable- comentó ella.
- No, Rochelle, Eric es insoportable todo el tiempo. Solo que tú no te das cuenta.
Rochelle le dedicó una mirada de desdén.
- Cuanto tiempo sin hablar, ¿no?- comentó ella.
- Si. Desde hace… cinco años. Cuando mi hermana y tú dejasteis de ser amigas. Una lástima.
- ¿Y me hablas ahora por qué…?
- Porque me necesitas- contestó él con una arrogante sonrisa.
Rochelle le pegó con la carpeta.
Pero, aunque no lo supiera, sí lo necesitaba.